10 de julio 2003 - 00:00

Poco crecimiento de economía uruguaya

Montevideo - «La economía uruguaya es de las que menos crece y de las que menos invierte en el mundo. En los años '90, cuando Uruguay crecía significativamente, solamente destinaba a la inversión 14,6% de su PBI. Por su parte, América latina destinaba más de 20% y el sudeste asiático más de 30%». El informe pertenece a la consultora Oikos, una de las más antiguas en el país y que junto a los expertos de CERES y del CINVE conforman lo más granado en análisis económicos de coyuntura.

Los analistas de Oikos le reprochan al Estado -que indirectamente afecta al presidente Jorge Batlle-tener un comportamiento dominante que desalienta la inversión productiva y favorece el consumo y el endeudamiento. Claro que la crítica no apunta sólo al gobierno actual sino a sus antecesores desde hace 50 años.

Las conclusiones de Oikos se resumen en el siguiente análisis.

Durante esos años, no se crearon incentivos para la inversión en actividades competitivas capaces de sustituir importaciones o aumentar las exportaciones. Las políticas de cambio fijo, creciendo por debajo de los precios internos, déficit fiscal y tasa de interés elevada que proporcionaron estabilidad y garantías para el negocio financiero y la circulación de capitales, desincentivaron la inversión de la denominada economía real.

El déficit fiscal obliga a obtener financiamiento a través de la emisión de deuda, lo cual está asociado con la adopción de instrumentos de estabilización que representan una penalización para los negocios competitivos, especialmente a través del atraso cambiario, la elevación de la tasa de interés y las cargas impositivas.

El gasto público crece proporcionalmente más que el conjunto de la economía. En los años '90, el gasto administrado por el Estado es equivalente a la mitad del gasto de la economía y creció sistemáticamente durante el período. Concomitantemente se duplicó la deuda pública.

Este gasto no está sujeto a normas de óptima administración, ni de eficiencia del gasto, ni de cumplimiento de resultados... El financiamiento del sector público representa el principal componente de la demanda de capital de corto plazo del país y tiene lugar a través de la colocación de papeles del mercado.

Con atraso cambiario, tasas de interés elevadas e impuestos excesivamente altos (IVA de 23%, IRP, tarifas de monopolio empleadas con ánimo fiscalista, IMESI, aranceles, etc.) resultó dificultoso el desarrollo de negocios competitivos... La debilidad de las inversiones y de la creación de empleos ha provocado una tasa elevada de desocupación.

En la actualidad, se están normalizando algunos de los problemas más agudos de la crisis financiera. El mejoramiento de la competitividad facilitará una reactivación que todavía es débil pero podrá acelerarse hacia fines de año.

Un riesgo elevado que no puede ser descartado es que el sistema político aproveche la mejora de las condiciones para aumentar el acceso del Estado al crédito, aumentar el gasto público y mantener la influencia de los políticos sobre la sociedad.

Este riesgo es especialmente significativo si se tiene en cuenta que el año próximo será año electoral. Esa circunstancia volverá a plantear condiciones como las que tuvieron lugar en el pasado y que significaron una penalización sobre la inversión productiva y el empleo en actividades competitivas.

En la actualidad se está sosteniendo el tipo de cambio a través de operaciones de colocación de Letras en moneda nacional a una tasa de 45% que opera como una referencia para la tasa pasiva del mercado.

Si existiera crédito, esta tasa representa un nivel real de 25 %, cuando nuestros competidores del exterior enfrentan tasas de interés de un dígito. Entre el comportamiento del tipo de cambio, las tasas de interés elevadas y la presión fiscal insoportable, las condiciones no parecen estar mejorando significativamente para emprender un camino de reforma económica de fondo que apueste a la inversión y a la competitividad.

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