El presidente de la Comisión de Inteligencia del Congreso de los Estados Unidos visitó la Argentina en enero. Concurrió a la Casa Rosada y esperó allí durante dos horas a que Néstor Kirchner lo recibiera, como estaba previsto. Pero -como sucedió con Carly Fiorino, de Hewlett Packard, la más famosa mujer de EE.UU. después de Hillary Clinton- no consiguió verlo. En mayo, conversando con dirigentes argentinos vinculados a su especialidad, se quejó de tal desaire, que calificó como «falta de educación». Ese diputado norteamericano, representante del estado de Florida, se llama Porter Goss. Ahora, es el nuevo titular nada menos que de la CIA, la poderosa central de inteligencia de su país. El poco ojo del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, para hacer desaparecer a visitantes clave de la Casa Rosada comienza a ser famoso. Hasta dicen que por no saber inglés no entiende los currículum y, por tanto, la importancia de los que solicitan audiencia.
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