Podría escasear más gasoil por disputa entre petroleras
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Guillermo Moreno
La ambigüedad se extiende al mercado local. En teoría, para las productoras 42 dólares es un piso sobre el que deben cobrarse adicionales por mayor calidad. Para las refinadoras sin petróleo propio en el país, Shell y Esso, 42 dólares es un techo, sobre el que deben aplicarse descuentos por menor calidad al WTI.
En la práctica, esos desacuerdos se fueron piloteando en el día a día, ya sea mediante pagos parciales de las refinerías o abonando facturas baja protesta. Pero con el alza persistente en el mercado internacional, los forcejeos se hicieron más notorios.
Hasta hace unos quince días, el precio del mercado local promediaba unos 39 dólares en la práctica. Después, los hechos se aceleraron: YPF, presionado por la falta de crudo debido al paro en sus instalaciones en Santa Cruz, salió de apuro al mercado y pagó 42 dólares.
Casi simultáneamente, Esso -que no lograba cerrar un acuerdo con algún productor-, empezó a quedarse sin reservas de crudo, por lo cual un barco que tenía en el puerto para cargar con productos exportables, se demoró más de siete días en partir. (Esso tiene, además, menos posibilidades que Shell de cerrar contratos en el mercado interno, porque hubo una época en que importaba petróleo, lo que la obliga a renegociar muy seguido con las productoras.)
Finalmente, cuando en apariencia ya estaba al borde de empezar a disminuir la producción de la refinería de Campana, Esso cerró un trato a 42 dólares el barril.
Como esta petrolera usa crudos pesados en su planta, la decisión de Esso fue tomada en el mercado como una virtual convalidación de las pretensiones de las productoras, siendo Shell la que más habría enfrentado a su competidora. La angloholandesa además, refina petróleo más liviano y estaba pagando alrededor de 39 dólares.
«El precio del crudo pesado debería bajar», dijo recientemente el director de Relaciones Institucionales de Esso, Tomás Hess, sin dar mayores precisiones, pero posiblemente marcando parámetros con relación a futuras negociaciones.
Un dato llamativo es que al abstenerse de intervenir, el gobierno convalida el precio de 42 dólares, que en algunos casos, es superior al que perciben los productores por sus exportaciones, considerando los descuentos por calidad que hacen los compradores del exterior.
Se puede suponer que esta actitud oficial obedece a evitar más conflicto con las provincias petroleras que perciben regalías sobre el valor efectivamente cobrado por las productoras.
Esta especie de venia acentuaría la dureza de las empresas que extraen el crudo, y hay sospechas de que todavía pidan mayores precios en futuros convenios, sobre todo en el caso del petróleo liviano que usa Shell.
Puede pensarse que también hay cierta predisposición oficial a admitir los aumentos de combustibles, que se están registrando a veces uno o dos veces por semana. Pero cuanto más caro cueste el crudo en el mercado interno, más subirán los combustibles. Y si no se logra que haya una cierta diferencia aceptable entre crudo pesado y liviano, crecerá la puja entre Shell y Esso, y alguna de las dos saldría perjudicada. El tema puede no importarle en sí mismo al gobierno, pero incidiría en los suministros, en un momento en que se está operando con un abastecimiento por lo menos acotado.




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