23 de noviembre 2000 - 00:00

Por desvío de fondos se dejaron de construir 16 mil viviendas

Los complejos de viviendas sociales se redefinieron en el transcurso de este año, a partir de nuevos criterios de construcción que promueven una reducción en el costo de producción pero también en el equipamiento final de la unidad.
Los complejos de viviendas sociales se redefinieron en el transcurso de este año, a partir de nuevos criterios de construcción que promueven una reducción en el costo de producción pero también en el equipamiento final de la unidad.
Hace unos meses, el gobierno lanzó un programa de calidad de la vivienda que se inició con la construcción de unidades (de interés social) a un costo menor a los 9 mil pesos, con el objetivo que la vivienda mantuviera estándares aceptables. La propuesta no consistía en hacer viviendas humildes para los pobres, sino en hacer viviendas durables y habitables. Respetando esos parámetros, cada unidad podrá tener menos superficie o menor equipamiento.

Con la participación de numerosas instituciones vinculadas con los aspectos técnicos de la vivienda y de los materiales, se elaboró un documento sobre los estándares de calidad para la vivienda social.

Cuando se lanzó el programa del Banco Nación, el proyecto inicial preveía adaptar los estándares a una vivienda de 25 mil pesos. Sin embargo, se llegó a una conclusión muy interesante: los estándares siguen siendo los mismos. En una vivienda de 25 mil pesos, lo que puede cambiar es la superficie, las terminaciones y el equipamiento, pero no se pueden alterar las exigencias de transmisión térmica y acústica, la impermeabilización y la calidad de las cañerías, por ejemplo. Todo quedó especificado en el documento elaborado y eso es lo importante.

El fenómeno de las villas, por su parte, merece un análisis aparte. De hecho, surgen como consecuencia de la falta de planificación urbana, en el marco de crecientes migraciones resultantes del despoblamiento del campo y el crecimiento de la pobreza. De manera que no se puede esperar que la gente venga a asentarse en busca de trabajo, seguridad, salud y perspectivas de vida mejor, y sólo cuando aparece el fenómeno de la villa comenzar a debatir cómo se resuelve el problema. Por el contrario, pensar en la ciudad significa ir tomando previsiones. Sin embargo, una vez constituida la villa también es posible pensar en distintos tipos de soluciones.
Los institutos tienen en construcción hoy, en todo el país, 78 mil viviendas, pero el año pasado para esta fecha tenía 94 mil unidades.

Déficit

La diferencia deriva de una medida tomada como consecuencia del Pacto Fiscal, que habilitó que 50 por ciento de los recursos del FONAVI fueran de libre disponibilidad durante el año en curso. En otras palabras, los gobiernos provinciales tenían la facultad de usar 50 por ciento de los fondos específicos en otros destinos. El resultado fue obvio: una menor producción, según surge de las cifras.
Para encarar con mayor producción el déficit de viviendas, el Ministerio de Infraestructura y Vivienda propició una operatoria con el financiamiento del Banco de la Nación Argentina y la participación de los bancos privados.

La propuesta consiste en construir viviendas de entre $ 20.000 y $ 25.000, que incluyan el terreno y la escritura, partiendo de la base de que los institutos provinciales de la vivienda aportan 25 por ciento ya sea del costo de la vivienda o por diferencia de tasa facilitando en este último caso una baja de la cuota. De esta manera, los beneficiarios obtienen 75 por ciento de apoyo del Banco Nación y de los bancos privados, a una tasa de interés del orden de 9,8 por ciento anual. Para los institutos, esto es una gran ventaja ya que pasaron de construir una vivienda con 100 por ciento de financiamiento, a construir cuatro unidades con un financiamiento de 25 por ciento. Con ese subsidio, acceder a una vivienda de entre 20 y 25 mil pesos, representa para el adjudicatario una cuota inferior a los 200 pesos mensuales y un ingreso familiar de entre 600 y 1.000 pesos mensuales. Así, la familia puede pagar una cuota de 160 a 170 pesos mensuales, una cifra que hoy posiblemente destina al pago de un alquiler. Otra ventaja es que el beneficiario recién empezará a pagar la cuota una vez que reciba la vivienda.

(*) Subsecretario de Desarrollo Urbano y Vivienda de la Nación

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