¿Lobo está? Nunca Jerome Powell, el presidente de la Fed, fue así de explícito: el taper está listo para el anuncio tan pronto como el 2 de noviembre luego del próximo mitin. El recorte de las compras de bonos se ejecutaría a partir de diciembre. Y promete una operación rápida que debería finalizar a mediados del año próximo. ¿Cuándo la FED fue tan abierta con sus planes y el calendario? Dijimos aquí que “Powell quedó en posición de manos libres”. Y se notó. “Si quiere sorprender, alguna vez siquiera, y adelantar su agenda a módico costo, sería el momento. Pero, por supuesto, no está forzado a hacerlo”. Dicho y hecho. Mostró las cartas sin que nadie lo empujara. Pero fue incentivado por las circunstancias. Seamos claros: la Fed desea avanzar con el taper pero sin el trauma -el “tantrum”- que lo hizo famoso en 2013. Y la saga incipiente del gigante chino Evergrande -que el lunes precipitó una caída filosa en las Bolsas del mundo- le sirvió en bandeja la oportunidad. Si Powell es agresivo con el taper -lo que no hizo en agosto en Jackson Hole- es porque los avatares de Evergrande no le hacen temer una tormenta global. ¿Conocerá lo que los mercados ignoran? Escucharlo a Thomas Jordan, la cabeza del Banco Nacional de Suiza, da la impresión que no. “Hemos visto una y otra vez que pequeños acontecimientos de golpe desestabilizan a los mercados financieros y provocan grandes correcciones. Seguiremos este tema tan de cerca como todos los demás bancos centrales”. China es una caja negra, y la suerte de Evergrande no está en manos de sus colegas, sino de Xi Jinping y el Partido. Y Powell no habla con Xi. Como sea, Wall Street escuchó taper y repuntó aprobatorio. Si no se asusta y sigue con su negocio del taper, entonces los mercados pueden continuar con los suyos. En definitiva, la Fed mató dos nerviosismos -por el taper y Evergrande - de un tiro. Y que conste que no lo disparó todavía.
La Fed no está sola. El dólar manda pero no es lo único que cuenta. Los otros bancos centrales también juegan. El Banco de Noruega fue el primero en subir las tasas entre sus pares de economías avanzadas. Se preveía, y se confirmó. El Banco de Inglaterra, en cambio, sorprendió. Las tasas de interés, sostienen las minutas, podrían llegar a subir, de ser menester un endurecimiento, aun con el programa de compras de activos en vigencia.
No es el enfoque de la Fed, que no los superpone. Es una postura más agresiva (dos voces sobre nueve -Ramsdem y Saunders- quieren comenzar el taper ya), y el contraste gatilló la atención. Ese día, el jueves, la tasa de diez años en EE.UU. -bucólica tras los dichos de Powell - se erizó 13 puntos base a 1,46%, un nivel que no visitaba desde julio. Así, a los mercados les cayó la ficha. Dos semanas atrás, Australia estrenó un “mini-taper” y el BCE de Lagarde innovó con la “re-calibración” de la expansión cuantitativa. ¿La política monetaria cierra en el mundo el capítulo del máximo estímulo? Así parece. Da un voto de confianza a la recuperación económica cuando los informes PMI de septiembre, recién salidos del horno, son desalentadores. En Jackson Hole, Powell se frenó por la ola de la variante Delta. Un paso en falso, pecar de ansiedad, podía ser “muy dañino”. Y ahora concede la luz verde. Ya no tiene reparos.
¿Qué decir de la suba de las tasas largas? Tan pronunciada, ¿no es un berrinche en rápida gestación? Pensarlo así pone el carro delante de los caballos. Es al revés, la visión constructiva de los banqueros centrales impulsa posturas “más agresivas”. O mejor dicho, menos estimulantes. La Bolsa se entonó con los anuncios. Después de todo, nadie lo percibió primero. Aunque en el ínterin todavía tiene una corrección pendiente, a medio resolver, mientras Washington juega sobre el filo del techo de la deuda. Desde niveles irrisorios, las tasas largas se afianzan, y son menos negativas las tasas reales, exactamente por las mismas razones. Todo se correlaciona pero la volatilidad accionaria (el VIX) que se empinó con Evergrande y se desplomó luego descubre la causalidad. El dólar amagó caer, y tornarlo más claro todavía, pero no se define. Así y todo, los mercados se rearman. No emiten queja. El repunte de los commodities, la vuelta del posicionamiento “reflacionario”, con energía picando en punta, y el Russell 2000 sacándole un cuerpo de ventaja al Nasdaq expresan la misma confianza. En el Mar de los Sargazos, la nave va, y progresa conforme al plan original.