El Gobierno parece haber entrado en una dinámica un tanto perversa en la cual se ve embarcado finalmente en procurar reprimir las consecuencias de los efectos no deseados de sus propias políticas. Es que si bien los registros inflacionarios de la pandemia están mostrando una desaceleración, con tasas mensuales de apenas 1,5%, el éxito en el corto plazo se explica por el derrumbe del nivel de actividad, el congelamiento de tarifas más programa de Precios Cuidados, la parsimonia sindical en cuanto a reclamos salariales, y el amarrete crawling peg del BCRA (micro devaluaciones). Todo eso precisamente para no alimentar las presiones inflacionarias. O sea, la cuarentena está frenando la inflación y varios de sus factores inerciales. De ahí que la inflación de estos meses muestre niveles no registrados en varios años. Ya algo se vio en el primer trimestre del año, en la previa de la pandemia y el aislamiento, y el segundo trimestre no distará de ser muy diferente. Pero, aún sin mirar el largo plazo, los desafíos vendrán en el segundo semestre donde las dinámicas del mercado cambiario, financiero y del consumo entrarán a jugar a pleno.
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Por eso no se puede soslayar que el problema de la inflación es que pueda tender a acelerarse para fin de año si las cuentas fiscales siguen desmadradas y continúa la expansión monetaria una vez finalizada la cuarentena. Hasta ahora el BCRA se ha esforzado, con las herramientas que dispone, en ir retirando el exceso de pesos que genera la aceleración de la emisión para financiar el fuerte aumento del déficit fiscal. Así volvió a crecer tanto el stock de Leliq como de Pases (más de $2 billones). Pero llegará un punto en que la sociedad empezará a desprenderse de los pesos sobrantes, vía la compra de bienes o bien demandando más dólares. Un combo que aumenta el riesgo de una aceleración inflacionaria. Hasta ahora el BCRA ha podido subir gradualmente el tipo de cambio oficial en línea con los bajos registros inflacionarios, pero el tipo de cambio real ya no tiene margen. Sin tener un ancla anti-inflacionaria, cuando las expectativas inflacionarias y devaluatorias se despeguen, la demanda de dinero ajustará el exceso de pesos en circulación y las brechas cambiarias y la tasa de inflación reaccionarán. La experiencia histórica argentina es muy rica en esto como para imaginar otro escenario.
De modo que lo que ocurra en materia inflacionaria dependerá de lo que haga el Gobierno, tanto con el exceso de pesos emitidos como con el déficit fiscal, más allá de solucionar el tema de la deuda. Nuevamente la encrucijada cambiaria acapara la escena. El BCRA deberá, en algún momento, acelerar el crawling peg para sostener la competitividad del sector exportador pero deberá hacer una muy aguda y profesional sintonía fina para no encender un fogonazo inflacionario. Por lo tanto, las cosas a mirar son cuántos pesos quedan en la calle, luego que el BCRA esterilice, cómo va el crawling peg y los números fiscales.




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