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Primera falla en esta teoría: suponía que la Fed, si lo deseaba, tenía el poder de elevar y mantener flotando a las acciones independientemente de que el crecimiento económico fuera lo bastante fuerte para justificar el infinito entusiasmo.
Segunda falla. Greenspan, quien ante los ojos de todos era muy respetuoso de los mercados, seguramente no tenía ningunas intenciones de adoptar ese papel arrogante.
Resulta extraño recordar ahora lo que ocurría en 1999 y principios de 2000, cuando los alcistas decían que las tasas de interés ya no importaban porque la nueva economía iba viento en popa con el raudo mercado accionario, y ya no dependía como antaño de los intereses generados lentamente por los bonos.
Hasta ahora han sido principalmente los inversores en acciones los que se han refrenado. Mien-tras que el fondo común de inversión promedio seguido ha perdido 15,5% en lo que va del año, el fondo promedio de bonos ha ganado 1,9%. Cuando las tasas de interés a largo plazo caen, los precios de los bonos suben. Pero Dudley sugirió que si la Fed sigue bajando las tasas de interés a corto plazo y el Congreso apoya el recorte de impuestos, los operadores de bonos podrían cambiar también, por temor a que tanto estímulo genere un alza en la inflación. Entonces todos, tengan acciones o bonos, estarían descontentos.
La historia todavía ofrece aliento a los alcistas. «Es insensato contradecir a la Fed», concluyeron analistas de Charles Schwab & Co. en un estudio publicado en el sitio en Internet de la compañía. «No hay un mecanismo de predicción perfecto de los ciclos económicos o del mercado, pero uno muy confiable han sido las tasas de interés». Desde 1970, dice Schwab, el Indice Standard & Poor's tuvo una ganancia promedio de 19% en los años en que la tasa de los fondos federales bajó, en comparación con un alza de 9% en los años en los que la tasa subió.
Según los cálculos de Schwab, el único año en los últimos 31 en el que las tasas cayeron y las acciones bajaron de cualquier forma fue 1990, cuando el índice S&P 500 cayó 3,2%.
Al año siguiente, 1991, con las tasas de interés aún a la baja, el índice recuperó el tiempo perdido con un alza de 31%. ¿Ocurrirá exactamente lo mismo en esta ocasión? Por supuesto que no. Ni la Fed ni nadie puede obrar un hechizo para que los mercados se recuperen así nada más. Pero los inversores accionarios que son pacientes tienen mejores posibilidades de beneficiarse de las reducciones de tasas de interés de la Fed que los que insisten en obtener su dinero de inmediato.




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