«Si la Corte quiere redolarizar que lo haga», dijo ayer el ministro Roberto Lavagna a sus colaboradores en diferentes reuniones que mantuvo desde la mañana. «En definitiva, habrá un bono en dólares para todos los ahorristas, que es la opción que tienen hoy habilitada para pasar sus depósitos reprogramados a BODEN», agregó.
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Pero no es el único tema judicial el de la redolarización el que desvela al equipo económico. En febrero paralelamente hubo un incremento de los amparos con más de $ 400 millones que salieron de los bancos a través de esa vía. Durante enero, al haber feria judicial, las presentaciones de ahorristas no habían generado mayores efectos en las entidades financieras, pero en el mes que culmina treparon nuevamente a niveles altos aunque menores a los $ 800 millones observados en diciembre.
«Más que la redolarización a nosotros nos afecta mucho los amparos. Con el fallo de la Corte simplemente se obligará al gobierno a emitir en forma compulsiva los BODEN, algo cuyo impacto en bancos es limitado», destacó anoche a este diario un presidente de un banco norteamericano. De hecho, el impacto con el virtual fallo en el caso San Luis por la redolarización varía según cada entidad, y es nulo en muchas que ya devolvieron en forma anticipada el «corralón» o dinero reprogramado, o en forma espontánea se fueron pasando a los BODEN.
Pero está claro que un importante número de ahorristas hoy apuesta a la resolución favorable de un amparo y por ello rechazó las ofertas que los bancos hicieron para hacerse en forma anticipada de sus plazos fijos -originariamente en dólares- pesificados con el CER como ajuste. Son $ 13.900 millones los depósitos que permanecen reprogramados hoy en el sistema tras los $ 4.800 millones liberados por las entidades financieras en las últimas ocho semanas.»Más que un fallo de la Corte, muchos de los que hoy tienen dinero reprogramado apuestan a recuperar los dólares originales ya con amparos», explicó un estrecho colaborador de Lavagna.
En el Banco Central fueron escasas las repercusiones del virtual fallo de la Corte. Algunos recordaban que en la gestión de Mario Blejer y de Aldo Pignanelli el bono compulsivo era la recomendación para terminar con el problema a Lavagna y nunca quiso aceptar.
El mismo argumento fue el que mantuvieron los técnicos del Fondo Monetario que aún permanecen en el país. Sostuvieron en las últimas reuniones con Economía y que de hecho estarían en la «side letter» o carta de intención paralela firmada por Lavagna, que el bono compulsivo era la mejor solución disponible para ahorristas. Cabe recordar que siempre desde las primeras negociaciones que el FMI mantuvo con el gobierno de Duhalde apenas asumió con Remes Lenicov como ministro de Economía, recomendó la puesta en marcha de un bono compulsivo para solucionar la crisis bancaria. Posteriormente Lavagna retardó las decisiones y mantuvo un esquema voluntario de poca aceptación pese a que introdujo polémicos mecanismos para darles atractivo a los BODEN como el uso para determinados fines como la compra de autos o bien la construcción.
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