El Banco Central salió a cortar la fuga de capitalesde manera no ortodoxa, llamando por teléfono a bancos, agentes de Bolsa y casas de cambio para que limiten las operaciones de compras de bonos en el exterior contra dólares. Esta modalidad se llama «contado con liqui», en la jerga del mercado.
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Cada individuo o empresa está autorizado a girar al exterior un cupo de u$s 2 millones mensuales. Es la forma de sacar dinero legalmente del país. Esas divisas se las puede comprar al Banco Central pagando el precio a que cotiza el dólar en el Forex-MAE más un centavo. Ese valor el viernes daba un dólar a $ 3,18.
El que compra dólares al Central tiene calzada la operación con una compra de bonos en dólares en el exterior. Esos bonos después los revende en el mercado local en pesos y gana alrededor de 2,50%. Es como comprar dólares a $ 3,18 y venderlos a $ 3,25. Cada u$s 2 millones, la ganancia es de 50 mil dólares. Con semejante margen, el negocio ha ganado en auge porque hay más compradores de bonos en la otra punta que quieren hacer la misma operación, pero en negro.
¿Por qué el comprador de bonos lo paga más caro y le hace ganar esa diferencia al que le compró divisas al Central? Porque es el precio de fugar dinero en negro. El individuo que le compra al Central gira al exterior en blanco a $ 3,18 y hace una declaración jurada. El que compra el bono en dólares lo hace en negro, por eso tiene el costo de pagar la divisa a $ 3,25.
El Central no puede impedir esta maniobra de comprar bonos en el exterior porque acabaría con el mercado de títulos y afectaría las operaciones de las AFJP. Además, elevaría el riesgo-país a niveles insólitos.
Tampoco puede hacer públicas las limitaciones porque crearía una sensación de inseguridad que provocaría un ataque a sus reservas a través de una corrida cambiaria.
Por eso, recomendó a las entidades que colocan órdenes en el Euroclear para comprar bonos con dólares, que frenen el «contado con liqui» a un cupo de u$s 100 mil por persona o empresa mensuales.
Las presiones no son efectivas, aunque la autoridad monetaria hace inspecciones y ha iniciado sumario a bancos y algunos los «cajonea» para tenerlos más sometidos.
En los últimos tiempos, estas operaciones de «contado con liqui» se acentuaron. Sólo en el mercado minorista se están vendiendo u$s 50 millones por día, mientras en el mayorista la suma asciende al triple.
El paro del campo no sólo trae inflación, sino que ha acelerado la fuga de capitales y obliga al Banco Central a trabajar horas extras aunque la culpa de la crisis no la tenga la política monetaria.
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