Basilea, Suiza - El grupo G-10 augura un crecimiento sustancial de la economía mundial para 2005, aunque prevé riesgos derivados de la mayor volatilidad de los mercados financieros y un regreso de la escalada de los precios del petróleo. Este fue el mensaje que envió ayer el presidente del Banco Central Europeo Jean-Claude Trichet, en Basilea, al término del primer encuentro en 2005 del G-10, que reúne cada dos meses a los gobernadores de los bancos emisores de países más industrializados y algunos emergentes. Este año habrá un «crecimiento económico mundial bastante sustancial», a un ritmo aproximado de 4% (frente a 4,5% de 2004), ayudado por el excelente aporte de países emergentes como Brasil y otros del continente asiático. Aunque su tono fue optimista en términos generales, Trichet advirtió del peligro de una renovada volatilidad de los mercados financieros, sin llegar a citar la evolución de los tipos de cambio, que no fueron abordados en Basilea. Al respecto, se hizo eco de la voluntad de Estados Unidos de reducir el déficit fiscal, uno de los principales factores que han contribuido a la debilidad del dólar en los últimos meses. Asimismo, mencionó al secretario estadounidense del Tesoro, John Snow, quien el pasado viernes insistió en la intención de Washington de lograr un presupuesto «muy restrictivo» en 2006, lo que, en principio, debería dar un nuevo impulso al «billete verde» respecto del euro y el yen.
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«La contribución de Snow es muy importante», subrayó Trichet al comentar «la falta de ahorro» en la primera economía mundial. Manifestó que existe el riesgo de los desequilibrios financieros nacionales, como la falta de ahorro en algunas economías (EE.UU.), pero que el G-10 parte de la premisa de que la transición hacia un sistema equilibrado será «progresiva y suave», tras resaltar el bajo nivel de los diferenciales de tipos de interésentre las principales economías. «El apetito por el riesgo de los inversores en general parece seguir siendo alto», afirmó Trichet al referirse a la conducta de los mercados financieros en el pasado año. Las bajas tasas reales de interés vigentes actualmente en diversas partes del mundo son un factor para incentivar el crecimiento, agregó el banquero francés.
La preocupación por las presiones inflacionistas entre los banqueros centrales del G-10 se ha ido desvaneciendo al ser absorbida, en gran parte, la subida de los precios del petróleo por los países consumidores, dijo Trichet. Pero los doce países de la Unión Monetaria Europea registraron en diciembre un alza de los precios de 2,3% según datos adelantados por la Oficina comunitaria de Estadísticas Eurostat, tres décimas por encima del tope establecido por el BCE. Una nueva carrera alcista de los precios del crudo podría obligar al BCE y otros institutos emisores a incrementar el precio del dinero, una medida que muchos analistas no prevén hasta bien entrado el año 2005, posiblemente en el segundo semestre.
Mientras ya han comenzado las apuestas para fijar la fecha del próximo incremento de las tasas en EE.UU., ahora en 2,25 por ciento, Japón debe todavía salir de un proceso deflacionario, con unas tasas próximos a cero y una cotización muy alta del yen, que perjudica sus exportaciones. Fuentes niponas en Basilea indicaron que el Banco de Japón no muestra, por el momento, ningún interés en volver a intervenir en los mercados de divisas para apoyar al dólar, al menos mientras el cambio no caiga por debajo de los 100 yenes. En los últimos días ha fluctuado en torno de los 104 yenes. Los miembros del G-10 son Alemania, Bélgica, Canadá, Estados Unidos, Francia, Holanda, Italia, Japón, el Reino Unido y Suecia, además de Suiza.
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