San Petersburgo, Rusia - Negociadores de países de la Organización Mundial Comercial retomaron ayer en Ginebra las conversaciones para intentar salvar la Ronda de Doha, luego que el director general de la entidad, Pascal Lamy, adjudicara a los líderes del Grupo de los 8 (G-8) la responsabilidad política para destrabar las negociaciones.
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Durante un discurso a los jefes de Estado del G-8 reunidos en esta ciudad, Lamy dijo ayer que la respuesta sobre el éxito o fracaso de la ronda «la tienen ustedes que están sentados en esta mesa» y advirtió que «la traba en la que estamos atrapados nos conducirá al fracaso muy pronto si ustedes no dan a sus ministros más espacio para la negociación».
Así, los cancilleres y responsables de Comercio de Australia, Brasil, Estados Unidos, la India, Japón y la Unión Europea, retomaron, en una suerte de mesa chica que representa a las potencias y al mundo en desarrollo, el último intento por rescatar la Ronda de Doha, antes de que expiren los plazos a fin de año. Los líderes del G-8 llamaron a las partes a trabajar con «suma urgencia» para concluir la ronda a fines de 2006 y se dieron el plazo de un mes para establecer consultas con el director general de la OMC. En un comunicado conjunto, el G-8 se manifestó a favor de establecer «un progreso sustancial en acceso a los mercados tanto para productos agrícolas como industrialesy a expandir las oportunidadespara el comercio de servicios».
Dura posición
Los integrantes del G-8 y sus invitados de los países en desarrollo, entre ellos México y Brasil, discutieron ayer de comercio, en un debate que fue «tenso», según el presidente ruso, Vladimir Putin. Al parecer durante el debate comercial emergió la figura del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, en defensa de los países menos desarrollados. «Mantuvo una dura posición y siempre de fuertes demandas hacia los países ricos», dijo Putin al hacer balance de la última jornada de reuniones.
En su última sesión de trabajo, los líderes del G-8 (Francia, Alemania, Italia, Reino Unido, Japón, Canadá, Francia y Estados Unidos) recibieron a sus colegas del llamado G-5, que representan a todos los países en desarrollo. Este último bloque está integrado por India, China, México, Brasil y Sudáfrica, a los que se unió ayer, en representación de los africanos, el presidente de la República de Congo, Denis Sassou-Nguesso. Según Putin, todos los miembros del G-8 se habían convencido de que «sin países como China e India es imposible abordar los problemas financieros y económicos mundiales».
Lula afirmó ayer que la ronda comercial de Doha padece una «crisis de liderazgo» y que el nivel actual de subsidios a la agricultura es «excesivo, ilegal e inhumano». «La agricultura no puede permanecer siendo la rehén de unas tarifas desorbitadas, de las cuotas, de las salvaguardas y de otras limitaciones comerciales», dijo Lula.
El mandatario brasileño indicó que «es a los pobres a los que se les impide disfrutar de un progreso que en ocasiones se ha conseguido a sus expensas» y que además los subsidios de los países ricos «han exportado pobreza» a los menos desarrollados.
Por su parte, el presidente francés, Jacques Chirac, dijo durante el almuerzo que ése no era el lugar adecuado para discutir de comercio y que, desde el punto de vista europeo, el único foro que lo podía hacer era el Consejo Europeo (máximos dirigentes de la UE).
«De todas formas -manifestó Chirac- debo decir que no se justifica ninguna concesión si no lo hacen al mismo tiempo nuestros amigos americanos y los países en vías de desarrollo.» «Además -continuó Chirac en su rueda de prensa-, hablamos de los países pobres y aquí no hay ninguno, y en el proceso de negociación entre desarrollados y en vías de desarrollo, los que pierden son los más pobres».
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