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A ningún juez se le ocurriría suspender la venta de autos porque hubiera demora en las entregas. Claro, la diferencia es que esa demora en nuevos automotores no afecta a los usuarios del parque existente, mientras que en telefonía se recargan las radiobases. Pero el principio de encarecimientos de costos es el mismo y también la posibilidad antisocial de limitar pedidos de venta, subiendo precios. Más que «prohibir», lo que importa en industria de celulares es saber qué se está haciendo. Consultada Cicomra informó que se están instalando más de 10 radiobases por día -el triple que hace sólo un año-, y se invierten ya 300 de los 500 millones de dólares comprometidos para este año para maximizar redes y mejorar la atención.
El argentino siempre ha sido un gran consumidor de bienestar, sobre todo el de innovaciones. Las redes de cable de televisión se impusieron aquí antes y en mayor extensión que en cualquier país latinoamericano y muchos europeos. En la década 1920-1930 estábamos entre los 6 primeros países del mundo en proporción de automóviles por habitante. El mejoramiento del panorama económico nacional en estos últimos meses ha transformado a la Argentina en estos momentos en un demandante de telefonía móvil por habitante casi similar al de China, el país de más explosivo crecimiento en el mundo. Aumenta el uso de este producto tan práctico en un millón de altas por mes y totaliza ya 17 millones de aparatos (el doble que hace 9 meses).
Invertir es necesario porque genera empleo y es mejoramiento social extender el uso de las nuevas tecnologías, aunque el ansia por poseerlas de los nuevos usuarios haga sobrepasar con algunos inconvenientes acotados en el tiempo las instalaciones. Lo único que no corresponde es prohibir porque eso atenta contra la sociedad.
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