¿Puede un gobierno suplente cambiar un modelo de 10 años?
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La sociedad difícilmente pueda creer que la salida de la convertibilidad la beneficiará. La vuelta a las remarcaciones de precios, de todos ellos, no sólo de los importados, ya ha despertado más de una memoria dormida. Estamos otra vez en el país de antaño, con las mismas consignas y con la misma falta de capacidad directiva y de respeto por las reglas de juego. Vuelven a ser los burócratas los que deciden cuánto habrá de pagar cada cual en este reparto de miserias. Vuelven esas imágenes que permitieron -con cierta justicia- acuñar posteriormente la frase «Argentina del Primer Mundo», por simple contraste con esto que retorna: la intromisión del Estado en nuestras vidas.
• Política libre
La población debe saber que la convertibilidad, lejos de ser una artificialidad rígida, como se sostiene, es una política monetaria absolutamente libre, donde es la propia gente la que decide cuánto dinero tener, manteniendo líquida la parte de los ingresos de divisas que haga falta para ello. Lo que es absolutamente artificial, en cambio, es emitir una moneda en las cantidades en que un gobierno necesite hacerlo, independientemente de la demanda que por ella exista. La demanda real de dinero existe y es un dato de la realidad económica.
Salir de la convertibilidad es quitarle a la gente una libertad macroeconómica, la de determinar cuánta moneda desea comprar para proveerse de liquidez. Para hacer más evidente esta visión puede pensarse en que, si se dolarizara, lo que a los efectos monetarios (no bancarios) es idéntico a una convertibilidad 100% asegurada, la moneda pasaría a ser un bien importado como cualquier otro, sin que nuestro Estado y sus dirigentes de turno pudieran intervenir en él, empobreciéndolo. ¿Qué tendría esto de artificial, si seríamos nosotros mismos los que decidiríamos nuestra política monetaria?
¿Por qué la pérdida de una libertad de mercado para entregarla a una administración que sigue dando pruebas de incapacidad habrá de beneficiarnos a los ciudadanos? Nadie puede dar una respuesta a esta pregunta en la Argentina de hoy. Pero lo peor, nadie parece estar formulando esta pregunta, que es la primera que deberíamos hacer a un gobierno que nos proponga la salida de la Convertibilidad.
Por último, ¿puede un gobierno suplente, nombrado por una vía constitucional indirecta y accidental, proponerse dejar atrás un «modelo» de una década de vigencia, implementado y ratificado por gobiernos que contaron expresamente con la voluntad popular, cuando fue el mismo Eduardo Duhalde quien llevó esta propuesta de cambio a las elecciones presidenciales de 1999 y por ella fue derrotado? ¿No se necesita un consenso popular para acometer semejante golpe de timón? ¿Y si él estuviera equivocado y el pueblo repudiara esta medida, como lo señalan algunas encuestas?




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