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12 de junio 2002 - 00:00

¿Qué país queremos?

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La intolerable depresión levantó clamores de cambios del modelo por doquier. Al fin de la administración del doctor De la Rúa, el ingreso había caído a u$s 7.200, originándose disturbios sociales y encendidos reclamos de modificación del rumbo. El actual gobierno alteró el derrotero y, en los cortos meses de su gestión, ya «logró « que nuestro ingreso promedio retornara a los añorados 2.200 dólares.

Antes, la propiedad de todos, que comprende los salarios y los puestos de trabajo, se depreció y los inversores huyen con lo que pueden, como lo delata el gigantesco superávit de la cuenta corriente del balance de pagos. Ante estas cifras, queda preguntarse ¿qué país queremos? Algunos, focalizados en la igualdad de ingresos, aspiran a la justicia social de Cuba, con un ingreso anual inferior a los u$s 1.000. Otros se contentan con un ingreso alfonsinesco de 2.200 y mantener la actual situación. Pero otros soñamos. Primero con volver a los $ 8.300 dólares por habitante, del «negro» 1998, para sentar las bases para el progreso sostenido, como el mantenido por España y, mejor aún, Irlanda, en los últimos años. (Ver cuadro.)

En un trabajo que estoy realizando desde hace bastante tiempo, encuentro que la riqueza de los pueblos radica en sus conductas. Las instituciones, principalmente las que se agrupan en el Estado, y las ideologías desempeñan un rol diferencial. El secreto es mantener abiertas todas las libertades, inclusive la de comercio, buscando abaratar los obstáculos a las transacciones. En pocas palabras, edificar la propiedad, el espacio de cada uno.

Se puede elegir ser un país pobre, para poder reclamar por los derechos de algunos, o ser más rico, para que todos vivamos mejor. El concierto mundial ofrece todos los regímenes. Desde los u$s 100 por habitante de Etiopía hasta los u$s 44.000 de Luxemburgo. La diferencia está en cómo se sostiene y respeta la propiedad. Porque son las variaciones en su fortaleza las que más afectan los sueldos y las ganancias. La gente y los inversores corren a donde la propiedad se valoriza, expandiendo los ingresos.



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