La recesión en EE.UU. ya terminó, pero el virus tiene la última palabra

Economía

Que la banca no sea el problema es crucial para el escenario que vislumbra la Bolsa. El drama sería sufrir una recaída que regrese a la economía al encierro.

¿La recesión de febrero concluyó en abril? Sería la recesión más breve en los anales de la historia económica de los Estados Unidos. ¿Una daga profunda pero ultrarrápida como el Covid-19 librado a su suerte? Así es, una puñalada artera. Se aplanó la curva de los contagios con la cuarentena en Europa y en los Estados Unidos y, si bien no se cerró la herida, se reconoce una rápida mejoría. La Bolsa, se sabe, lo intuyó antes que nadie, antes inclusive que ocurriera. Suman ya 47 millones los pedidos iniciales de subsidios de desempleo acumulados desde marzo: el destrozo fulminante de la economía real no tiene parangón. Sin embargo, se eludió el credit crunch, una corrida contra la deuda y la destrucción de crédito. Dodd-Frank y Basilea III evitaron una crisis en la banca. Milagro I. Powell-Mnuchin, el dúo dinámico de la Fed y el Tesoro, lograron reabrir los mercados de deuda corporativos (y los soberanos emergentes) con la ayuda invalorable del Congreso y la ley CARES, un megapaquete fiscal (equivalente a 14% del PBI) sancionado por tirios y troyanos en pleno año electoral. Milagro II. Hubo que verlo para creerlo. Contracción brutal en Main Street. Y un festival paralelo en Wall Street. Inédito. El Nasdaq, el mascarón de proa de la resurrección, ya clavó cinco veces la pica en los récords. Como para borrar dudas sobre sus convicciones.

La Bolsa anticipa, se dice siempre. Muchas veces acierta. ¿Y qué anticipa? Una nueva fase de expansión económica que ya comenzó a tallar su evidencia. La duda no está allí. El problema son las aristas vulnerables. Que los defaults por venir eleven la tasa de incumplimiento de la deuda especulativa en los EE.UU. de 3,5% en marzo a 12%-14% el año próximo no debería quitar el sueño si la oferta de crédito mantiene la templanza. Y los exámenes de estrés -reforzados para la ocasión- denotan una solidez en los 33 bancos auscultados por la Fed que es el día y la noche con respecto al descalabro de la crisis subprime de 2008-2009. La diferencia no es trivial. Lejos de demandar socorro, y multiplicar la zozobra, entre febrero 26 y mayo 6, los bancos comerciales aumentaron su asistencia en u$s326 mil millones, y suavizaron el castigo a la economía real. La banca podrá soportar la pandemia, aunque si la actividad languidece, o peor, si la recesión ataca de nuevo, deberá absorber un tendal de quebrantos no muy distintos de los que llovieron después de Lehman. En tres escenarios filosos de contracción que la Fed no augura, pero elabora a manera de abogado del diablo, las pérdidas podrían orillar entre los u$s560 mil y 700 mil millones. El capital (CET1) del sistema declinaría del 12% promedio actual a un rango entre 9,5% y 7,7%. Mientras la mayoría de los bancos conservaría un patrimonio adecuado, algunos se acercarían a los niveles mínimos requeridos (4,5%). ¿Qué decisión se tomó tras los exámenes? Que los grandes bancos suspendan la recompra de sus acciones, no eleven los dividendos y los gradúen en función de sus utilidades recientes. Así preservarán su colchón de capital. Que la banca no sea el problema es crucial para el escenario que vislumbra la Bolsa.

¿Tocó piso la economía en abril? Es lo que señalan las cuatro series coincidentes con el PBI. El empleo, la producción industrial, las ventas brutas (reales) del comercio y la industria y el ingreso personal real (neto de transferencias) rebotaron en mayo luego de la tormenta de marzo y abril. ¿Una golondrina, o cuatro, hacen verano? Después del atroz clima polar, la expansión arranca bajo cero. La recesión destruyó 20,5 millones de empleos netos, pero sumó 2,5 millones en mayo. Este viernes, el informe de junio añadiría 3 millones más. Así, con una escalera que trepa desde el sótano, peldaño a peldaño, se reconstruye el ciclo. No superará la cumbre anterior, quizás por años. El drama sería sufrir una recaída. Y nada más traicionero que una nueva oleada de Covid-19 que regrese la economía al encierro forzado. Una decena de estados que levantaron la cuarentena en EE.UU. semanas atrás está en la picota por el aumento desaforado de las infecciones, con Texas y Florida a la cabeza. La actividad y el gasto ya se movilizan como la Bolsa preveía cuando compró la receta de la Fed. Pero el virus tiene la última palabra.

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