Regresó al ministerio, pero ahora apadrinado por De Vido
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La ministra de Economía, Felisa Miceli, acompañada, ayer, por el flamante secretario de Finanzas, Sergio Chodos, y el saliente Alfredo Mac Laughlin.
Que este joven servidor público haya ido a trabajar a una empresa que había sido contratada por el ministro a quien sirvió hasta 24 horas antes acaso no debe llamar a escándalo. Por lo menos, no tanto como que también había trabajado en ese estudio antes de la contratación de Lavagna. En efecto, Chodos Jr. prestó servicios en Bruchou entre 1999 y 2003.
En el relato salta a la vista otra curiosidad de esta designación: se eligió a un abogado, no a un economista.
Importa poco a quienes lo consideran perspicaz y decidido. Por más que la condición que se esperará de él en adelante sea la ductilidad, es decir, el juego de cintura imprescindible para transitar por una red llena de tensiones. Por citar una, es muy difícil que Chodos Jr. pueda remover a su subsecretaria, Alejandra Scharf, acaso la más estrecha colaboradora de Felisa Miceli. Si se mira bien, Kirchner cambió al titular, pero no la dinámica del área: el secretario de Finanzas deberá reportarle a él y, de modo secundario, a su superiora, quien lo controlará desde abajo. Otro desafío para el nuevo funcionario: evitar que la ministra se irrite con los sucesivos puentes que se podrían tender sobre ella (habrá que ver si Chodos Jr. heredó las habilidades de Chodos Sr. para la construcción). Ese «per saltum» existió también con Mac Laughlin, quien había llegado a la oficina por su supuesta intimidad con Kirchner. Una condición que tal vez fue exagerada. Si se indaga en las confesiones realizadas por el renunciante a varios ex banqueros, su alejamiento se produjo porque en algunas solicitudes del poder hubo un exceso de confianza. Infidencias que el Presidente seguro conoce.
Es una incógnita la familiaridad que Chodos Jr. tendrá con Kirchner y De Vido, por más que sean sus padrinos inmediatos. No será, seguro, la que podría exhibir Eduardo Caffaro, quien se resistió con uñas y dientes a que lo transfieran del Central a Economía. No fue la única candidatura que se evaluó: también se examinó el nombre de Luis Caputo, uno de los expertos más reconocidos que tiene la Argentina en política financiera. Sin embargo, se lo descartó rápidamente: nadie, ni Miceli, se animó a proponerle que abandone la presidencia del Deutsche Bank para pasar a la función pública.
Las ambivalencias políticas de la designación de ayer son llamativas: Chodos Jr. luce como un especialista en Finanzas pero es abogado, parece de Lavagna pero se subordinó a Kirchner, depende de Miceli pero lo apadrina De Vido. Las incógnitas técnicas de la gestión que lo espera son todavía más inquietantes. Una principal: ¿conseguirá colocar un bono internacional en enero, como soñó su antecesor Mac Laughlin? La operación supone emitir un papel bajo legislación extranjera, lo que obligaría a un blindaje legal respecto de las pretensiones de los tenedores de bonos que no ingresaron a la reestructuración de Lavagna. Tal vez aquí le valgan a Chodos Jr. sus pergaminos de abogado. Sus colegas de Cleary, Gottlieb & Co. consideran que no debería existir riesgo alguno para regresar a esa modalidad.
¿Qué sucederá con el vínculo financiero con Hugo Chávez? Es otro interrogante al que deberá dar respuesta la gestión del retornado Chodos. No tanto por las mutaciones que pueda haber en el vínculo entre el bolivariano y el Presidente después del «caso D'Elía», sino por el carácter opaco que revisten, según una opinión muy generalizada en el mercado, esas colocaciones. Podría haber un indicio para resolver el acertijo: el primero en servirse de Chávez como financista del Tesoro fue Lavagna, cuando era jefe de Chodos.



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