23 de abril 2004 - 00:00

Réplica de Kirchner a Duhalde

La noticia anunciada se cumplió: Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde ya están en guerra. Ayer, el Presidente le replicó a su antecesor y padre político, quien desde hace varias jornadas lo torea con declaraciones. No usó siquiera a sus habituales supérstites (los Fernández, Béliz, algún Bendini legislador); lo hizo él mismo: «Si hubo problemas de tarifas en este país, fue por culpa de la desprolija devaluación, porque no hubo salida gradual de la convertibilidad». Respondía a un Duhalde y señora que sorprendentemente empezaron a defender a Carlos Menem por la persecución de los jueces (y a sus presuntos patrocinantes oficiales) y, de paso, sostuvieron que «la Argentina todavía no es un país confiable para los inversores. El país todavía no está bien». Nadie sabe aún cuál de las dos menciones de Duhalde irritaron más al mandatario. Tal fue su disgusto que ni siquiera reparó en que su respuesta también sacudía a un hombre de su gobierno, el embajador Jorge Remes Lenicov, firmante principal de la «devaluación desprolija» y de la pesificación asimétrica. ¿Le pedirá la renuncia o, éste, moralmente afectado, presentará su dimisión desde Bruselas? No es lo más importante. También, en su discurso -el lanzamiento de fideicomisos para tener más gas-, Kirchner acusó a funcionarios del anterior gobierno de que hacían cola en la Casa Rosada para hacerle convertir a gas todo el parque automotor. No dio nombres, imputó a los legisladores duhaldistas que promovían la norma y, quizás inconscientemente, también aludió a uno de sus colaboradores inmediatos: Roberto Lavagna, su propio ministro de Economía, quien justamente fue el mentor de esa revolución (junto con ciertos empresarios) para incorporar el GNC en todo el sistema de transporte. ¿Habrá sido un error? O éste es, también, el principio de una batalla interna. Menos complicada en lo político que la refriega iniciada con Duhalde, el que ya puso frenos para la nueva ley de coparticipación con otros gobernadores de provincias grandes, hará frente desde el Congreso y seguramente se opondrá a la posible intervención (o detención) de sus intendentes bonaerenses.Ya se le atribuye una larga y precautoria conversación con Eduardo Menem, una cita segura esta semana próxima con Carlos Reutemann y la declaración de que si el kirchnerismo saca un voto en la provincia de Buenos Aires, él va a dar un premio. Del otro lado, ya se olvidaron de agradecer la presidencia que Duhalde les obsequió y tampoco insisten en que «ellos jamás van a poner preso a un amigo». Por el contrario, algunas carpetas ya empezaron a circular y Duhalde puede ingresar en el circuito judicial que ya padecen Menem y Fernando de la Rúa.

Néstor Kirchner culpó abiertamente a Eduardo Duhalde por la crisis energética: «Si hay problemas de tarifas, también es porque hubo una devaluación que se hizo en forma poco prolija. Esto es así porque no hubo una salida gradual de la convertibilidad y se creó un problema en esta área (energía). Son temas de los que nadie habla», dijo el Presidente ayer en Casa de Gobierno, durante el lanzamiento del fondo fiduciario para la ampliación del sistema de transporte y distribución de gas.

El ataque fue calculado, porque el ministro que devaluó durante la gestión de Duhalde fue Jorge Remes Lenicov, quien está ahora al frente de la embajada ante la Unión Europea en Bruselas. Este cargo lo desempeñaba Roberto Lavagna y fue un canje que se hizo cuando Lavagna fue nombrado ministro de Economía por Eduardo Duhalde. Kirchner, en realidad, le contestó a Duhalde, que hace pocos días afirmó que «la Argentina no es un país competitivo», opacando la gestión actual.

Duhalde no respondió pero sí lo hizo Alfredo Atanasof, hombre de confianza del ex presidente y diputado nacional por la provincia de buenos Aires. Atanasof, que fue jefe de Gabinete de Duhalde en la anterior gestión, dijo que «las decisiones políticas no se pueden analizar en abstracto; hay que evaluarlas enmarcadas en el contexto histórico en que fueron tomadas». «Probablemente algunas de las decisiones que se tomaron en enero de 2002 puedan parecer ahora no del todo prolijas, pero las tuvo que tomar un presidente que asumió de manera imprevista, que no pudo diseñar un plan de gobierno y que se hizo cargo de un país en llamas cuando todos le escapaban a la responsabilidad del poder», disparó ayer Atanasof.

Concluyó éste su defensa del gobierno que llevó a Kirchner a la presidencia afirmando que «probablemente, si hubiéramos tenido la posibilidad de tomar nuestras decisiones en un contexto de paz social y de estabilidad económica podríamos haber diseñado un plan más elaborado. Pero cuando aprieta la urgencia, cuando la Nación y sus instituciones corren el riesgo de desaparecer, uno tiene que dar respuestas inmediatas, porque, como decía mi mamá, la solución que llega tarde no es solución».


Kirchner dijo que no había que ser «hipócritas». Y agregó que «cada uno tiene que hacer un 'mea culpa' y que esos empresarios que pagan 2.200.000 pesos de Impuesto a las Ganancias por lo bien que les ha ido, tendrían que haber invertido más en la Argentina». Fue en un acto ayer al mediodía en la Casa de Gobierno.

«Pensar que un gobierno que asumió hace 11 meses es culpable de esta crisis energética es un acto de reduccionismo político e institucional y una falta de sinceridad. Las empresas energéticas deben asumir sus responsabilidades y decir la verdad a la gente sobre el problema», agregó el mandatario.

Se apiñaban en el Salón Blanco durante el discurso de Kirchner los mayores referentes del sector, como Oscar Vicente (Petrobras), Antoni Peris (Gas Natural y presidente de ADIGAS) y representantes de Repsol-YPF, Panamerican Energy, Chevron y MetroGas, además del ministro de Planificación, Julio De Vido, y el secretario de Energía, Daniel Cameron. Atanasof no fue el único en salirle al cruce al Presidente. Daniel Basile, otro diputado nacional del PJ del interior bonaerense, afirmó que «si hiciéramos politiquería, yo diría que Kirchner expresa el agradecimiento de la vaca empantanada». Y agregó: «Quiero recordarle a Kirchner que ni él ni yo aceptamos integrar el gabinete de Duhalde», porque nadie creía que se pudiera remontar la crisis que vivía la Argentina en esos días. «Ahora, si hablamos en serio -agregó este diputado-, el Presidente tiene razón, la devaluación ya se había producido, las cotizaciones que llegaban de Montevideo así lo demostraban.»

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