Réplica de Kirchner a Duhalde
La noticia anunciada se cumplió: Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde ya están en guerra. Ayer, el Presidente le replicó a su antecesor y padre político, quien desde hace varias jornadas lo torea con declaraciones. No usó siquiera a sus habituales supérstites (los Fernández, Béliz, algún Bendini legislador); lo hizo él mismo: «Si hubo problemas de tarifas en este país, fue por culpa de la desprolija devaluación, porque no hubo salida gradual de la convertibilidad». Respondía a un Duhalde y señora que sorprendentemente empezaron a defender a Carlos Menem por la persecución de los jueces (y a sus presuntos patrocinantes oficiales) y, de paso, sostuvieron que «la Argentina todavía no es un país confiable para los inversores. El país todavía no está bien». Nadie sabe aún cuál de las dos menciones de Duhalde irritaron más al mandatario. Tal fue su disgusto que ni siquiera reparó en que su respuesta también sacudía a un hombre de su gobierno, el embajador Jorge Remes Lenicov, firmante principal de la «devaluación desprolija» y de la pesificación asimétrica. ¿Le pedirá la renuncia o, éste, moralmente afectado, presentará su dimisión desde Bruselas? No es lo más importante. También, en su discurso -el lanzamiento de fideicomisos para tener más gas-, Kirchner acusó a funcionarios del anterior gobierno de que hacían cola en la Casa Rosada para hacerle convertir a gas todo el parque automotor. No dio nombres, imputó a los legisladores duhaldistas que promovían la norma y, quizás inconscientemente, también aludió a uno de sus colaboradores inmediatos: Roberto Lavagna, su propio ministro de Economía, quien justamente fue el mentor de esa revolución (junto con ciertos empresarios) para incorporar el GNC en todo el sistema de transporte. ¿Habrá sido un error? O éste es, también, el principio de una batalla interna. Menos complicada en lo político que la refriega iniciada con Duhalde, el que ya puso frenos para la nueva ley de coparticipación con otros gobernadores de provincias grandes, hará frente desde el Congreso y seguramente se opondrá a la posible intervención (o detención) de sus intendentes bonaerenses.Ya se le atribuye una larga y precautoria conversación con Eduardo Menem, una cita segura esta semana próxima con Carlos Reutemann y la declaración de que si el kirchnerismo saca un voto en la provincia de Buenos Aires, él va a dar un premio. Del otro lado, ya se olvidaron de agradecer la presidencia que Duhalde les obsequió y tampoco insisten en que «ellos jamás van a poner preso a un amigo». Por el contrario, algunas carpetas ya empezaron a circular y Duhalde puede ingresar en el circuito judicial que ya padecen Menem y Fernando de la Rúa.
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Concluyó éste su defensa del gobierno que llevó a Kirchner a la presidencia afirmando que «probablemente, si hubiéramos tenido la posibilidad de tomar nuestras decisiones en un contexto de paz social y de estabilidad económica podríamos haber diseñado un plan más elaborado. Pero cuando aprieta la urgencia, cuando la Nación y sus instituciones corren el riesgo de desaparecer, uno tiene que dar respuestas inmediatas, porque, como decía mi mamá, la solución que llega tarde no es solución».




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