El mercado accionario trató nuevamente de hacer pie, pero se aferró a un palo enjabonado y terminó olfateando el piso de los «318» puntos, tras haber alcanzado los «329» puntos y cayendo a una mínima de «317». Mucho más cerca de la frontera inferior, por enésima vez en estos tiempos: va y vuelve, recupera territorio y lo cede, pagando constantemente dos veces el mismo peaje para encontrarse en el mismo lugar. Ergo, es terreno solamente apto para los «4x4» del andar bursátil, con tracción en las cuatro ruedas y que puedan hacer frente a los senderos más escarpados, de la tendencia posible.
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Poco oxígeno allí abajo, señales de ahogo en muchas plazas donde transar es imposible. Todo reducido a unas cuantas de las principales -las de siempre-y donde se carecía de fuego para darle el aumento.
En definitiva, una caída de más de 2 por ciento para los mervales, con un total de órdenes que hubo de repartirse a la par con CEDEAR: unos 11 millones de pesos para cada especie.
Muy pobre todo, con una vuelta a las grandes dudas y un descreimiento en la situación que se quiere relatar -Cavallo-donde el olfato del mercado advierte que «algo huele mal, allí abajo...». Y en tal sentido, de modo sensato, se abstiene de dar apoyo. Qué se aguarda adelante, es pregunta peligrosa...
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