26 de noviembre 2004 - 00:00

Se complica más Mercosur: Brasil no responde pedidos

Celso Amorin.
Celso Amorin.
Los empresarios nucleados en la UIA cerraron su 10ª Conferencia Industrial anual satisfechos por su renovada relación con el gobierno nacional, preocupados por la doble amenaza chino-brasileña, algo frustrados por la deserción del canciller de Brasil, Celso Amorim, y del titular de la FIESP (industriales paulistas,) Paulo Skaf, y preguntándose si en el futuro habrá Mercosur (ver página 18).

Es que las señales son al menos contradictorias: el miércoles por la noche, dirigentes de la Unión Industrial Argentina encabezados por su presidente, Alberto Alvarez Gaiani, se sentaron a la mesa en el Palacio San Martín con sus pares brasileños y los cancilleres Amorim y Rafael Bielsa. Según trascendió, las conversaciones pasaron por cómo mejorar el Mercosur, y casi nada por la «invasión china».

El propio Bielsa, minutos antes de iniciar su exposición en la Conferencia Industrial, le dijo a Ambito Financiero que «los ejes del encuentro fueron la necesidad de coordinar las políticas macroeconómicas y la posibilidad de que las empresas de ambos países tengan los mismos instrumentos crediticios para financiar inversiones». El funcionario agregó que «no fue una reunión de pompa, sino de trabajo».

No sólo en el Palacio San Martín sino en el Sheraton Pilar se notaron las diferencias sustanciales entre industriales: los brasileños (gobierno y dirigentes) llegaron con la idea de impulsar lo que han dado en llamar «agenda positiva» (jointventures, cooperación aduanera, negociaciones internacionales comunes, etc.), aduciendo que los problemas que aquejan a -por caso-textiles, calzado y electrodomésticos son «menores».

En cambio, los argentinos plantearon esa noche que « antes de hablar de eso hay que solucionar los problemas reales y concretos, tanto macroeconómicos como micro». En resumen: los argentinos todavía aguardan que los brasileños respondan al documento que les dejó Roberto Lavagna hace un mes (y que fuera adelantado en exclusiva por este diario) pidiendo «volver a aplicar el Tratado de Asunción».

El hecho le fue recordado a Amorim por varios oradores el miércoles (encabezados por Luis Betnaza, el hombre de Techint, y por Héctor Massuh, vice de la UIA), que le pidieron definiciones sobre cómo hacer para que las inversiones en el Mercosur no se vayan «naturalmente» (no sólo las internacionales sino las propias argentinas) al mercado más grande de los dos.

Massuh y Betnaza le pidieron
«ecualizar beneficios» para las empresas de ambos países; Amorim prometió seguir estudiando la cuestión.

Ayer,
Bielsa se refirió en términos elogiosos a la alianza con Brasil, previo homenaje a Celso Furtado, y agregó que «no hay proyecto de desarrollo que sea sólo nacional; el Mercosur más que una iniciativa económica es un proyecto político».

• Propuesta

Anunció que, en la próxima Cumbre de las Américas, la Argentina llevará la propuesta de «crear trabajo decente», y explicó que aún no habían cerrado acuerdos con el ALCA y la Unión Europea, pero sí con China, porque en este último caso sólo se trata de acuerdos comerciales «que nos dan la posibilidad de venderles u$s 4.000 millones más en cinco años».

Curiosamente, y al revés de lo que podría suponerse, Bielsa resultó uno de los funcionarios más «populares» entre los empresarios convocados por la UIA. Por caso, Miguel Acevedo, de Aceitera General Deheza, le dijo a este diario: «Ojalá hace cinco años la Cancillería hubiera defendido a la industria argentina como se hace hoy». Otros dirigentescoincidieron con el empresario cordobés.

Los periodistas también intentaron (en vano) obtener del vicecanciller brasileño,
Samuel Pinheiro Guimaraes, alguna definición algo menos « diplomática» que las que había dejado en su discurso. Guimaraes habló de injusticias sociales, de pérdida de empleo en Suecia, de tomar como ejemplo a Europa para reducir asimetrías entre países del Mercosur y hasta de las maquiladoras mexicanas. «Mejor hablen con los empresarios, con los dirigentes...», le dijo a Ambito Financiero con impecable sonrisa. «Es que yo no hablo...»

Y como era mañana de « vices» brasileños, lo había precedido en el uso de la palabra el segundo de la cartera de Industria y Comercio, Marcio Fortes de Almeida, quien recordó que «somos socios, no adversarios». Pidió que los sectores que tienen problemas (los textiles, los electrodomésticos) «trabajen juntos», y machacó hasta el hartazgo con las cuestiones incluidas en la «agenda positiva».

Sin embargo, a diferencia de Guimaraes, hizo algún anuncio concreto: dijo que en el área de los autos, que deben tener 60% de componentes nacionales, podrían aceptar que en ese porcentaje «nacional» se incluyan partes hechas en el Mercosur. Pero... (con Brasil siempre hay un pero): «Es difícil, es arduo, y lo estamos discutiendo con el sector privado», reconoció. Fortes de Almeida fue el único de los brasileños disertantes que reconoció la existencia del «documento Lavagna»: «Son sugerencias importantes, las estamos considerando con (los ministros) Antonio Palocci y Luiz Furlan; esperamos tener una respuesta cuando nos volvamos a reunir en Belo Horizonte a mediados de diciembre».

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