Este sabor ya lo había degustado el mercado para mediados de enero, después todo fue un gráfico de idas y venidas sin mayores aspiraciones, hasta que llegó esta sorpresiva semana «santa» para los indicadores locales. Primero, apegada a lo que venía del Norte en ese lunes picante, después asociándose al reflujo -el martes- y dando una muestra totalmente contraria a la mayoría de las Bolsas de ayer: colocando un remate brillante, cuando la oscuridad volvía a invadir a W. Street y compañía. Así, en la víspera el Merval alcanzó la cima del año, no sin ciertas oscilaciones, para empujar sobre el cierre nuevamente y clavar 600,62, después de haber llegado a los 605 de máxima, aterrizar en 592 de mínima, y siendo la estrella bursátil del día. El volumen se totalizó en $ 55 millones, con $ 20 millones para los certificados y repitiendo cifras de $ 30 millones en acciones. Cierta singular «toma de posición», frente al acto electoral de la semana próxima y buscando el anticipo... ¿a qué?
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Semanita de todos, pero «gauchita» para nuestro recinto, que se despegó de todos los referentes y ganando casi 6%. El Dow Jones se conformó con suba de 0,66%, mientras el Bovespa quedó en aguas medias, con 2,8% de suba. El lunes vendrá una primera prueba, de «testeo» sobre la marca que suele producir rechazos, y comenzará la etapa de mayores incertidumbres locales. Pero, es otra historia, todos se fueron a casa el miércoles -entre «piqueteros» del centro- saboreando un Merval de 600. Y esto fue un bocado tan dulce, como inesperado en su momento. Que se disfrute.
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