Casi deberíamos agradecerle al presidente Bush que aguardara hasta después del cierre del mercado para dar su "inesperado" discurso. Como están los tiempos, es difícil predecir cómo lo hubieran interpretado los inversores. Basta recordar lo ocurrido cuando Colin Powell se dirigió al Consejo de las Naciones Unidas con un mensaje mucho más largo, pero con un rango infinitamente más chico de posibles interpretaciones. Si bien la caída de 0,7% del Dow, que cerró en 7.929,3 puntos, permite hablar de una baja (el S&P 500 cayó 0,65%), lo cierto es que lo que mejor cupo es la idea de un mercado que "anda mal". Tan mal, que apenas ni se alcanzaron a realizar operaciones con 1.399 millones de acciones en el NYSE o 1.227 millones en el NASDAQ. Alguien podrá achacar la falta de interés de los inversores a los datos del cambio en la productividad para el último trimestre de 2002 (lo que sugiere es que la "nueva economía" ha servido de poco y no será "perse" el motor de una rápida recuperación como creen algunos), aunque irónicamente, lo mejor de la jornada pasó por las empresas tecnológicas. Otros podrán hablar del temor que genera el dato sobre el desempleo que se difunde en horas o de los números desilusionantes que reportaron las principales cadenas minoristas (Wal Mart, JC Penny y Sears) acerca de sus ventas del mes de enero. Incluso, se puede vincular lo ocurrido con la sorprendente decisión del Banco de Inglaterra de recortar sus tasas de interés al nivel más bajo desde los tiempos del ex primer ministro Winston Churchill. Cualquier argumento parece válido, pero lo cierto es que lo que tuvo en vilo al mercado sigue siendo el tema geopolítico que no encuentra ninguna solución más allá de la fuerza bruta por parte de unos o de otros.
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