22 de febrero 2008 - 00:00

Sequía y fallas en usinas acentuarían la crisis eléctrica

El presidente de la autoridad interjurisdiccional de las cuencas Limay y Neuquén, Elías Sapag, aseguró ayer que «El Chocón no va a salir de producción, aunque siga en su nivel mínimo». El funcionario salió así al cruce de versiones sobre una inminente salida de servicio de la represa, que la llevaría a dejar de generar electricidad.

La afirmación de Sapag no disipa, en cambio, el temor creciente a que éste sea un nuevo año seco en las hidroeléctricas del Comahue (o sea que llueva poco o nada entre mayo y julio), lo que unido a la reducción de la importación de gas desde Bolivia anticiparía una crisis energética más grave que la del invierno pasado, cuando se restringió el consumo eléctrico a 4.700 empresas por alrededor de dos meses.

El gobierno confía en la incorporación de más energía proveniente de las nuevas centrales de Campana y Timbúes, mayor generación de Yacyretá, y unos 220 megavatios que están instalando en Córdoba y Salta, Albanesi y Pampa Holding, respectivamente.

Según otras opiniones, esa generación adicional será absorbida por el aumento de la demanda que sigue en ascenso, mientras el plan de ahorro energético se aplica muy parcialmente por lo menos por ahora. Por ejemplo, parece haber quedado en los papeles el recambio de 5 millones de lámparas incandescentes por las de bajo consumo, o la restricción de las luminarias públicas.

  • Explicación

  • Sapag dijo que «a fines de los 90, con gran sequía, El Chocón estuvo cinco meses en su nivel mínimo, y no dejó de producir», y agregó «éste es el primer día, en este año».

    La baja del nivel de agua de El Chocón se explica porque el gobierno quiere acumular agua en las represas que están antes como Alicurá y Piedra del Aguila. Lo haría porque estas dos últimas se pueden poner en funcionamiento para atender el consumo del horario pico, y en este punto nadie cierra todavía un pronóstico sobre marzo, debido a las altas temperaturas de esta semana en todo el país, y en especial, en el área metropolitana.

    Por otra parte, el agua ya turbinada de Alicurá y Piedra termina en El Chocón, donde vuelve a turbinarse, y a partir de ahí se destina para el riego y el agua potable de la región.

    Según Sapag, «tratamos de ahorrar agua sin que falte para la vida y el riego de la cuenca, tratando de ahorrar para tener la mayor reserva de energía eléctrica, sabiendo las complicaciones que pueden venir».

    El miércoles por la noche, el sistema nacional llegó a consumir más de 18.000 megavatios de potencia, muy cerca del límite disponible, y para las últimas horas de anoche se esperaba una situación similar. Gran parte de esa demanda fue cubierta sobre todo con Yacyretá y Piedra del Aguila.

    Pero hay también otras dificultades. Brasil tendrá sequía este año, con lo cual ya empezó a retacear el envío de electricidad, a la par que esa situación lo obligará a usar parte del gas boliviano para sus centrales térmicas.

    Otro aspecto es la alta indisponibilidad que se estaría detectandoen el parque térmico local. Según los empresarios, esa situación sería el resultado del uso continuo y a full de las máquinas, la imposibilidad de cumplir salidas por mantenimiento, además de la utilización de combustibles líquidos cuando falta gas. También, en una especie de círculo vicioso: cuantas más fallas hay, más exigidos quedan los equipos que están en funcionamiento, y aparecen nuevos problemas.

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