21 de mayo 2002 - 00:00

Serio: 30% de los 100 mayores deudores ya entró en default

Serio: 30% de los 100 mayores deudores ya entró en default
Ya son 30 las empresas, que figuran entre los 100 principales deudores del sistema bancario local, que entraron en cesación de pagos («default»). Y los incumplimientos son todavía más notables cuanto más grandes son las empresas. De las 30 firmas más endeudadas en el sistema financiero, la mitad se declaró en default. Y lo peor es que la lista podría ampliarse en los próximos días al compás de la incertidumbre económica, la recesión y la falta de crédito. A diferencia de lo que ocurría hasta el año pasado, cuando entrar en default era una mala palabra para el mundo de los negocios, con el correr de los días es cada vez más común que se anuncie una cesación de pagos. Según los datos del Banco Central a diciembre, los 100 principales deudores del sistema bancario concentraban 9.314 millones de pesos convertibles. De ese total, las 30 empresas que ya declararon públicamente su default tenían créditos por 3.057 millones.

Una primera conclusión que surge a partir de esos datos: la devaluación instrumentada en la Argentina por el ex ministro Remes Lenicov, durante este año dejaron muy mal parados a muchos de los deudores que facturan en pesos, pero que deben fortunas en dólares. Se trata de un hecho inédito. Todas las devaluaciones, sin excepciones (desde Federico Pinedo hasta el plan BONEX) siempre terminaron beneficiando a los endeudados en el sistema financiero, porque les licuaban todas sus obligaciones. Eran los tiempos en los que las empresas se financiaban mayoritariamente en el mercado local. Y fueron los tiempos de la «ilusión monetaria», porque las modificaciones en el tipo de cambio hacían viables a los todos aquellos endeudados que podían trasladar una parte de la devaluación a sus precios. Pero con la globalización, junto a la recesión, esa regla de oro cambió. Porque, el grueso del financiamiento de las grandes empresas quedó de las fronteras hacia fuera. Ahora son los proveedores de esas grandes firmas y la gente los que tienen tomados sus créditos exclusivamente dentro del país. Y porque la recesión y la restricción monetaria impide el traslado automático de los mayores costos de la devaluación a los precios. Por eso, lejos de beneficiar a la totalidad del aparato productivo, el deterioro de la moneda local provocó un ahogo en muchas de las más grandes empresas que, facturando en pesos, por su tamaño relativo accedieron al financiamiento internacional. El dato abre también nuevos interrogantes sobre la posibilidad futura de los depositantes del sistema financiero de recuperar sus ahorros. Porque si bien las empresas, que anunciaron su cesación de pagos, dejaron de cumplir con sus obligaciones, en muchos casos los bancos omitieron hacer las previsiones del caso. En el gobierno hay quienes especulan que algunos default son la manera elegida por ciertas empresas para lograr mayor atención a sus reclamos ante el sector público. De todos modos, si los default se mantienen, significaría que hay todavía menos fondos para devolver los depósitos de los que muchos suponen. Dicho de otro modo: en el sistema financiero hay deudas que siguen contabilizadas en condiciones normales (categoría 1), pese a que los deudores anunciaron públicamente sus default y dejaron de pagar muchos de sus créditos. El dato es conocido por la cúpula del Banco Central, pero no se ha tomado ninguna decisión. Saben que, de ponerse estrictos en el cumplimiento de las normas prudenciales generalmente aceptadas en cualquier sistema bancario del planeta, muchas entidades seguirían la suerte del Scotiabank, ya que los bancos no siempre tienen las espaldas o la decisión para inmovilizar más capitales en el país en la medida en que persistan las incertidumbres. En el sistema financiero hay 8,37 millones de deudores, y los 100 más importantes concentraban en diciembre sólo 9,5% de los créditos. Aún así, los datos sobre los default de los más grandes dan lugar a nuevos interrogantes sobre el destino del dinero de los ahorristas. En primer lugar porque demuestra que las contabilidades de los bancos ya no reflejan la verdadera situación de las entidades: tanto las deudas del sector público, como las deudas de los privados (y sus devaluadas garantías) lucen sobrevaluadas. En segundo lugar, con vistas a futuro, no está claro cómo harán para pagar no sólo las mega empresas con deudas en dólares en el exterior por montos que recién la semana pasada el gobierno decidió comenzar a relevar. También se desconoce cómo pagarán quienes, dedicados a producir para el mercado local, se encontraron con deudas incrementadas en, cuanto menos 40%, con estructuras de costos erosionadas con respecto al día previo a la devaluación. Más allá de las proyecciones y de las especulaciones que puedan formularse sobre el resultado de las devaluaciones en las estructuras de préstamos y de depósitos, hay otro fenómeno que viene marchando: los default de los grandes deudores ya traban la cadena de pagos y, con el transcurso del tiempo podrían arrastrar al default a los deudores más pequeños. Es como un efecto dominó que, de algún modo, comienza a percibirse en las estadísticas de los 100 deudores más grandes. De los 30 primeros, la mitad está en default. De los 50 primeros, 20 anunciaron su cesación de pagos. Y de 100 primeros, hay 30 que expresaron que ya no pueden pagar más sus deudas. El final sigue abierto y es inquietante.

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