Mezcla curiosa: aburrimiento, excitación, confusión y finalmente fastidio. No es que fuera la de ayer una rueda demasiado importante (se "hicieron" apenas 1.500 millones de papeles en el mercado tradicional), pero el margen dentro del que se movieron los precios, que en el caso del Dow pasó de ser una ganancia de 0,54% a una pérdida de 0,47% acotada finalmente a 0,35% (el promedio cerró en 11.235,47 puntos) fue lo suficiente como para generar todos estos cambios de humor. La confusión tuvo que ver en parte con un incomprensible (para muchos) discurso del novel presidente de la Reserva Federal sobre el tema tasas de interés (entre lo poco que está claro, es que, como a su antecesor, no le preocupa la "inversión temporal del costo del dinero"). El malhumor se vincula con el inesperado incremento del IPM ( Indice de Precios Mayoristas), especialmente al desagregar los ítems energía y alimentos. La excitación se fundo básicamente en rumores, que fueron desde que llegaba una nueva oleada de fondos de Europa, hasta que finalmente se habría dado con el terrorista más buscado del mundo: Osama Bin Laden. Toda esta "melange" se vio sazonada por la tarde, con la caída de los bonos del Tesoro y la suba en el precio del petróleo. Conclusión: una rueda desilusionante, especialmente para los que apostaron a que la recuperación de los bonos que vimos la semana pasada continuaría siendo el motor del mercado bursátil (no por nada lo peor de la jornada pasó por el ramo financiero, las empresas de servicios públicos y las constructoras). Siempre es riesgoso intentar predecir el futuro, pero tal vez no nos equivoquemos demasiado si apostamos a que los ojos de más de un inversor están puestos en lo que informe y decida la Fed el próximo martes.
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