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Creo que el análisis se ha centrado lamentablemente en el aspecto deportivo que toda competencia tiene, subestimando las verdaderas y profundas razones políticas e institucionales. Está tan extendida esta visión deportiva del asunto, que el propio presidente interino comparó unos días antes la segunda electoral con una pelea de box. Nada más lejos de la realidad.
Lo que quedó claro después de la primera vuelta es que ni siquiera Menem-Romero por sí solos, en caso de ganar también la segunda vuelta, estaban en condiciones de gobernar sin más. No porque les falten condiciones personales para conducir el Estado, ya que la experiencia previa de ambos da sobradas muestras al respecto. El problema radica en que, siendo los representantes de la primera minoría del país, no constituyen una mayoría, y los países sólo tienen posibilidades de éxito si son conducidos por las mayorías. Posibilidades que no quieren decir, seguridades, ya que esas posibilidades se concretan si, además de tener el respaldo de las mayorías, se ponen en ejecución buenas políticas y se respetan los derechos y garantías de los habitantes.
Lamentablemente, para gobernar hay que tomar decisiones que gustan a unos y disgustan a otros. Esas decisiones deben respaldarse en una cantidad de legisladores de ambas Cámaras que resulten suficientes para aprobar las leyes respectivas, de modo que mantengan una coherencia conceptual y sean compatibles con las políticas que el gobierno pretenda llevar adelante. Si el único factor de unidad de una mayoría circunstancial es el rechazo a alguien y no lo que quiere construir, derrotado ese alguien, sobrevienen los disensos. Menem nos ahorró ese trámite y nos dejó con la realidad clara y visible de una sociedad fragmentada. No tiene sentido alguno perder tiempo en analizar su decisión, salvo para advertir que el gobierno que nace desde la segunda minoría con un magro 22% debe concentrarse rápidamente en construir una coalición que le permita gobernar. Sobre todo, teniendo en cuenta que ese resultado electoral lo obtuvo sobre la base de una enorme cantidad de recursos públicos invertidos en más de dos millones y medio de planes para Jefas y Jefes de Hogar, distribuidos en gran medida por las intendencias del conurbano bonaerense.
La negativa de Carrió de integrarse al gobierno demuestra que quienes son afines en su rechazo a Menem no lo son a la hora de gobernar. Su respuesta es un buen ejemplo de lo que digo. Si hubiese habido segunda vuelta, seguramente un alto porcentaje de los votos de Carrió hubiesen sido para Kirchner; sin embargo, su representante no está de acuerdo en ayudarlo en la tarea de intentar sacar a la Argentina del pozo en el que se encuentra.
Otro tanto puede decirse de la declaración de López Murphy sobre el mismo asunto, y hay encuestadores que vaticinaban que incluso muchos de esos votos, pese a su afinidad con el modelo de los '90, serían en blanco o en contra de Menem, lo que obviamente no puede confirmarse por la ausencia de la elección.
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