19 de abril 2007 - 00:00

Skanska: la historia oficial, otra historia

El caso Skanska es el desprendimiento de una megacausa que arrancó en 2005 por evasión de impuestos. Unas 130 firmas de primer nivel estafaban al fisco por medio de facturas truchas que compraban a la empresa fantasma Caliban-Infiniti. Sus dos principales directivos, Adrián López y Miguel Hernández, están detenidos y procesados por «asociación ilícita fiscal». Uno de los clientes de Infiniti era la constructora sueca Skanska, encargada de las obras de ampliación de los gasoductos Norte y Sur. La constructora admitió que compró facturas apócrifas para simular pagos ilegítimos y quedarse con el contrato de los gasoductos; ha habido más que insinuaciones de que las coimas fueron derivadas hacia el Ministerio de Planificación. Hasta ahora no ha sido imputado ningún funcionario por el delito de cohecho, hay trámite para cambio de juez y lo que sigue es la historia oficial de este escándalo: para el gobierno, se trata de un affaire entre empresas privadas, una forma de cartelización. Veamos la otra parte.

El principal argumento del gobierno para desechar las sospechas de coimas referidas a funcionarios del Ministerio de Planificación Federal durante la construcción del Gasoducto Norte es que se trató de un negocio entre privados, o sea que si hubo «retornos» o coimas, fue entre empresas, no con el gobierno. Los operadores fueron Transportadora Gas del Norte (TGN) y la empresa sueca Skanska, ganadora de la construcción de la planta impulsora de Deán Funes, Córdoba, aunque también se habla de otros complicados del sector privado.

Según detallan, el problema está concentrado entre la evaluación previa que realizó TGN para la construcción de la planta compresora y el precio finalmente acordado para ejecutar la obra, por encima, obviamente, de lo presupuestado. La disparidad alcanza los 14,6 millones de pesos.

Admiten que el sobreprecio pudo deberse a una cartelización por parte de los oferentes, que usufructuaron la crisis energética, pero adhieren a la teoría de que el presupuesto original de TGN fue bajo en relación con los precios del mercado.

Además, esgrimen que tanto las obras de ampliación como los fondos para su financiamiento mediante fideicomisos fueron privados.

La ampliación del gasoducto, por un total de aproximadamente 200 millones de dólares, incluía, además de los tubos, la instalación de tres plantas compresoras nuevas: Lumbreras, Lavalle y Deán Funes.

El presupuesto previo fijado por TGN para la última de estas obras fue de 11,7 millones de pesos, y tomó como referencia un presupuesto histórico de una obra similar realizada en el período 1999-2000, antes de la crisis económica.

Como gerenciadora del proyecto, el rol de TGN comprendía la selección, calificación y adjudicación de ofertas. En el primer llamado se presentaron ocho oferentes: sólo cuatro quedaron en carrera para competir por la planta de Deán Funes y tres para la ampliación de Lumbreras y Lavalle. En el caso Deán Funes, origen del conflicto, compitieron la sueca Skanska, BTU, Astra E y Turbigas.

Los registros de ese proceso muestran que Skanska cotizó: $ 29,2 millones contra los $ 11,7 millones presupuestados por TGN; BTU, $ 31,4 millones; Astra, $ 31,8 millones, y Turbigas, $ 30,4 millones.

Se afirma que ése fue el primer indicio que tuvo TGN de que su evaluación inicial había sido incorrecta. Así lo hizo conocer al gobierno en un apartado donde especifica que la « diferencia» respecto del presupuesto era de 152%.

El 31 de enero de 2005, TGN le comunica por nota al Enargas -que era el organismo de control técnico-el resultado final de la compulsa: la sueca Skanska obtuvo el primer puesto. En esa comunicación interna expresa: «Cabe exponer que el desvío respecto de lo oportunamente presupuestado para dicha tarea alcanza 152% respecto de la planta tipo A y 82% respecto de la planta tipo B».

La planta tipo A a la que se refiere TGN comprende las obras de montaje y construcción, mientras las de tipo B son obras de reciclado de las plantas ya existentes.

Es decir, la licenciataria del Gasoducto Norte le advertía al gobierno que Skanska había cotizado $ 17,5 millones por encima de los $ 11,7 millones que inicialmente había estimado TGN.

La historia oficial sentencia que la utilización del término desvío fue el origen de todas las especulaciones de pagos de sobornos para la concreción de la ampliación del Gasoducto Norte, sospechas que en el ámbito judicial también se extendieron a los trabajos del Gasoducto Sur.

  • Reunión

    Al día siguiente de ese llamado de atención de TGN hubo una reunión en la Secretaría de Energía de la que participaron Daniel Cameron; el presidente del Enargas, Fulvio Madaro, y los directivos de la Transportadora. Dice el gobierno que en ese mitin comunicó la decisión oficial de «no validar los valores cotizados» por los oferentes y que le requirió a TGN un análisis conjunto con Repsol YPF (principal financista de la obra) para alcanzar una reducción de los precios cotizados y adecuarlos al presupuesto inicial.

    Sobre el encuentro no hay nada escrito, pero en otra misiva enviada por TGN a Cameron el 11 de febrero de 2005, la licenciataria reconoce que Energía comunicó la decisión de no validar los valores y que le sugirió adecuar los precios a lo presupuestado originariamente.

    Transportadora Gas del Norte vuelve a convocar a un segundo concurso en el que, además de Deán Funes, incluye en la compulsa a las plantas de Lumbreras y Lavalle. La empresa Skanska vuelve a ganar la obra de la planta cordobesa, aunque esta vez redujo su cotización: de $ 29,2 millones pasó a $ 26,5 millones. Por nota, el 14 de febrero de 2005, TGN le comunica al Enargas que «si bien hubo mejoras, destacamos que las ofertas siguen quedando muy afuera de nuestras referencias y obras equivalentes».

    El gobierno incita, entonces, a la gerenciadora del proyecto a llamar a un tercer concurso de precios y le sugiere ampliar el espectro de oferentes. Además de Skanska, BTU y Astra compiten Contreras Hnos. y Hannover.

    El resultado fue que BTU se quedó con la planta de Lumbreras y la firma Contreras, con la ampliación de la planta de Lavalle, mientras Skanska lo hizo con las obras de Deán Funes, con una cotización de $ 26,3 millones (con alguna diferencia mínima en relación con el precio anterior).

    Sin embargo, en una nota posterior, fechada el 4 de marzo, TGN sostiene que las cotizaciones siguen siendo elevadas. «Pese a dos rondas de mejoras, las ofertas ganadoras continúan arrojando precios fuera de nuestras referencias», se explica.

    Con el otoño ya entrado y con una crisis energética instalada, Madaro le remite a TGN la Nota

    2.075 del 29 de marzo de 2005, donde le pide más o menos lo siguiente: que el gerente del proyecto (TGN) informe en 72 horas si la empresa se encuentra en condiciones de realizar la ejecución de las obras de montaje en forma simultánea en todas las plantas compresoras (Lumbreras-Lavalle-Deán Funes y Recreo), «en un todo de acuerdo con lo presupuestado por ese gerente de proyecto (TGN) dentro del cronograma previsto en la carta de intención oportunamente suscripta».

    La respuesta de TGN fue que no había podido identificar contratistas que estuvieran en condiciones de realizar la ejecución de las obras de montaje en forma simultánea sujetos al presupuesto elaborado por TGN, llave en mano y dentro del cronograma de la obra. Le sugería, asimismo, dejar desierto el concurso y la contratación directa para la obra de Lumbreras. Como el esquema de construcción de estas obras comprendía su financiación a través de un fideicomiso administrado por Nación Fideicomiso, se lo consultó para conocer si tenía los fondos para llevar adelante el proceso concursal y enfrentar la erogación correspondiente.

    El Enargas obtuvo el visto bueno y la aprobación de la Secretaría de Energía, tras lo cual instruyó a TGN para adjudicar las obras a los ganadores del último concurso. Fue así que la constructora sueca Skanska se quedó con la planta compresora de Deán Funes.

    Oficialmente se afirma que antes de conceder esa posibilidad a TGN, el Enargas realizó un sondeo de mercado que demostró que los valores de construcción y montaje eran superiores a los presentados por TGN.

    Tanto es así que TGN, para la segunda etapa de ampliación del gasoducto 2006-2008, reconoce que el precio del mercado está muy por encima del que confeccionó para la primera ampliación. Para el caso de las nuevas plantas compresoras de Tío Pujio, Leones y Trancas, donde se utiliza como base una ingeniería similar a la utilizada para la planta de Deán Funes (10 mil HP), sostiene que «nuevamente el presupuesto genera cierto nivel de incertidumbre».

    Otro dato interesante: pese al escándalo que resultó la primera ampliación del Gasoducto Norte con denuncias de supuestas coimas, TGN le envía a Nación Fideicomiso una lista de proveedores sugeridos para invitar en la compulsa por la segunda etapa de la ampliación de ese gasoducto. Figuran Techint, Constructora, Skanska y Contreras Hnos., entre otras. La misiva tiene fecha 12 de marzo de 2007.

  • Megacausa

    ¿Por qué se aventaron las sospechas? La empresa sueca Skanska aparece involucrada en una megacausa por evasión al fisco mediante el uso de facturas truchas que fueron emitidas por una empresa fantasma denominada Infiniti y cuyo directivo fue procesado por «asociación ilícita fiscal».

    Skanska admitió que compró facturas para blanquear pagos ilegítimos que realizó para quedarse, supuestamente, con el contrato de la ampliación del Gasoducto Norte. Esa operación irregular fue corroborada por una auditoría interna de la empresa sueca, tras lo cual se dispuso el desplazamiento de toda la cúpula directiva de la filial Argentina. Según la investigación judicial, Skanska habría llegado a Infiniti, presuntamente, por una sugerencia de Néstor Ulloa, el gerente general de Nación Fideicomiso.

    Otra cuestión que despierta sospechas es la similitud de los montos: las facturas que Skanska les pagó a Infiniti y a otras 23 empresas por un servicio que nunca recibió alcanzan los 17 millones de pesos. Un monto similar a la diferencia entre lo que TGN presupuestó para la construcción de Deán Funes y lo que verdaderamente terminó pagando.

    Están, además, los memos internos de Skanska -ahora son evaluados por la Justicia-, donde se afirma que los suecos habrían pagado u$s 5 millones de coimas a dos empresas auditadas por el gobierno. Se refiere a Transportadora Gas del Norte (TGN) y a Transportadora Gas de Sur (TGS). Otros u$s 1,6 millón habrían sido pagados en concepto de retorno o «negocios personales», sin indicar a quién. Mientras los empleados de Skanska involucrados en el episodio habrían cobrado u$s 4,6 millones por su silencio.

    Los investigadores han prestado atención a esta cifra que figura en dólares: en total, los sobornos superan los u$s 11,2 millones. Convertida a la moneda argentina, la supuesta coima alcanza $ 33 millones. Casi dos veces más que el dinero que TGN pagó a Skanska para que terminara la planta compresora de Deán Funes.
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