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Las plantas tomadas por el sindicato corresponden a tres empresas. La más afectada es Total Austral, compañía francesa que litiga contra el Estado en el tribunal arbitral del Banco Mundial (CIADI) y que, por lo tanto, está entre las preferidas en las animadversiones oficiales. Pero también a Repsol YPF y a Chevron las dañó la interrupción del servicio. Lo de Total no podría haber sido más oportuno: hoy Rafael Bielsa recibirá a Dominique de Villepin, su colega en el doble sentido de la palabra, ya que es canciller de Francia y, además, poeta. Es una picardía que, teniendo tanto para compartir en el orden del espíritu, terminen hablando de gas. Pero ésa es la crisis.
La toma de los pozos de Total es uno más de los disgustos franceses en la Argentina. ¿Cómo hacer para que los empresarios de ese país no sospechen que la maniobra fue un sabotaje oficial, llevado a cabo por sindicalistas? ¿No existe un antecedente similar en el caso de Carrefour, con Hugo Moyano, que consiguió un encuadramiento especial del Ministerio de Trabajo a fuerza de bloquear la entrada de los supermercados con sus camiones?
Del mismo modo que en la empresa, en la Secretaría de Energía creen ver una mano oculta en el boicot de Neuquén. Sospechan que los productores de gas ven con buenos ojos este tipo de colapsos, que servirían, al fin y al cabo, para que el gobierno llegue a un acuerdo en el precio de ese combustible. En el caso de Total Austral, esta fantasía está alimentada por algunos indicios firmes: Julio De Vido comentó varias veces en Madrid, durante el viaje de la semana pasada, que los franceses terminarán pagando con la concesión de los pozos petroleros su recurso ante el CIADI. Sin duda, se trata de una amenaza en medio de la negociación, pero ¿cómo evitar recordarla cuando se producen golpes como el que dio el sindicato la semana pasada?
Las presunciones cruzadas del gobierno y las empresas no tendrían, a pesar de su verosimilitud, demasiado fundamento. La crisis de Neuquén es gravísima, sobre todo, si se la mira desde el lado chileno. Pero, al parecer, estuvo alentada solamente por una demanda sindical por salarios. El titular de la filial neuquina del gremio de los petroleros privados es un combativo del estilo Moyano. Se llama Guillermo Pereyra y está acostumbrado a la toma de yacimientos. Ultimamente, encontró una razón más para su combatividad: disputa la conducción nacional del sindicato, en contra de Rubén Ferreyra, el here-dero de Julio Miranda, senador por Tucumán y ex gobernador de esa provincia.
El carácter impulsivo -llamémoslo así- de Pereyra ya produjo más de un conflicto internacional. En tiempos de Eduardo Duhalde, cuando comenzó a discutirse la dolarización del precio de los hidrocarburos, también se invadieron campos de petróleo y gas, y se provocó una alerta roja en Chile. En ese país, la dependencia energética de la Argentina es motivo de debate interno desde hace años. Un sector de la dirigencia política, sobre todo el más ligado a la izquierda, le imputa al gobierno haber quedado a merced de los vecinos trasandinos en un insumo crucial para la economía. El episodio del jueves hizo recrudecer esa polémica.
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