Tradicionalmente, hechos como el exitoso lanzamiento de ayer del trasbordador espacial suelen tener un efecto benéfico sobre los mercados. Si bien es cierto que Boeing experimentó una suba de 0,45%, tuvo al menos tanto que ver en ello el buen balance que presentó su competidora Lockheed Martin, por lo que casi podemos decir que lo del Discovery no pasó de ser una anécdota. Lo que sin duda fue una anécdota es que las ganancias de DuPont resultaran ligeramente inferiores a lo esperado por los analistas, lo que derivó en que el papel perdiera 6,56% de su valor y que el promedio industrial cerrara en 10.579,77 puntos, mostrando un retroceso de 0,16%. Es claro que no podemos echarle la culpa a un solo papel por el cierre negativo del Dow. Para esto hace falta por lo menos un mercado que podamos definir como "débil". Y esto parece ser lo que tuvimos ayer. Si bien de las casi 30 integrantes del S&P que presentaron balances en la víspera sólo 5 desilusionaron, mientras 17 superaron los cálculos de los analistas, el S&P 500 apenas fue capaz de trepar un magro 0,17%. Si se quiere, se le puede echar la culpa de la falta de entusiasmo a la suba del petróleo (trepó 0,3%, a u$s 59,2 por barril) o a la fortaleza del dólar (cerró en 112,45 yenes y u$s 1,2017 euros luego que los chinos afirmaron que no permitirán que el yuan se fortalezca en un futuro cercano).
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Pero con la tasa de 10 años retrocediendo a 4,24% da la sensación de que o hay temor a los números del tercero y cuarto trimestre o lo que está ocurriendo es que los precios de las acciones ya han subido demasiado y han factorizado gran parte de las buenas noticias.
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