Supermercados: ventas bajaron 26% en 2002
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Asimismo, voceros de los principales empresarios de shopping centers del área metropolitana admitieron a este diario que «la caída habría sido mucho más grave si no hubiera sido por los turistas, que en muchos lugares fueron la diferencia entre tener números en rojo y en azul».
En ningún mes fue más evidente este hecho que en diciembre último, en el que las ventas en los centros comerciales crecieron 7,5% en cantidad de unidades vendidas, con una suba de precios de 53,9% en relación con el mismo mes del año anterior.
De todos modos, cabe recordar que diciembre de 2001 fue el mes más catastrófico que registre la historia del comercio en la Argentina, con saqueos, renuncia presidencial, cierres forzados durante casi diez días por cacerolazos en cadena y ausencia total de visitantes provenientes del exterior.
A diferencia de otros años, en los que había que hacer la discriminación entre ventas totales y las denominadas «same store sales» (facturación a igual superficie) en esta ocasión no será necesario: es que durante 2002 prácticamente no se produjeron inauguraciones, ampliaciones o reformas de supermercados o centros comerciales. Así, la caída resulta casi neta de nuevas superficies. En el área metropolitana sigue habiendo 29 shopping centers, los mismos que en enero de 2002.
• Locomotora
En esta modalidad de emprendimientos comerciales, la locomotora siguen siendo los locales de venta de indumentaria: según el estudio del INDEC, 55,3% de las ventas totales de los centros comerciales corresponden a ese rubro, seguidos de los patios de comidas (11%), electrónicos (7,9%), ropa deportiva (5,3%) y amoblamientos (4,9%). Lo llamativo es que esa proporción no tiene correlato en el espacio que ocupan los locales de ropa en los shopping: en total (incluyendo calzado) representan apenas 26,5% del total del ABL (área bruta locativa).
El estudio remarca también el hecho de que en muchas áreas del Gran Buenos Aires los consumidores dejaron de concurrir a los supermercados y se volcaron nuevamente a los pequeños comercios barriales. Esto obedece a varios factores concurrentes:
• la falta de crédito institucional (tarjetas de crédito, tarjetas propias de las cadenas, bancario, etc.) hicieron que regresara la vieja «libreta del almacenero»;
• la gente reemplazó las grandes compras semanales o mensuales por la adquisición de lo mínimo indispensable y lo hizo en las tiendas de vecindad; en comercios chicos -sobre todo en verduras, frutas y carnes- los precios ya no sólo son competitivos con los de las grandes superficies, sino que en muchos casos resultan notablemente inferiores a los que se pagan en los híper.
Este sector tiene una respuesta unánime a este fenómeno: «Nosotros pagamos todos los impuestos y las cargas sociales; los comercios chicos tienen muchas más posibilidades de evadir». Y si bien esto puede ser cierto en muchos casos, también lo es que la estructura de costos fijos de las grandes cadenas -personal, alquileres, publicidad, seguridad, mantenimiento- son hoy una carga difícil de amortizar con márgenes cada vez más chicos. Sobre todo porque los proveedores ya no están haciendo grandes diferencias entre los grandes compradores y el «chiquitaje» al que están surtiendo a precios mayores, pero que de todos modos sobrecompensan los mayores costos de los híper.
En términos desestacionalizados a precios constantes, las ventas de los supermercados cayeron 25,9% comparadas con diciembre de 2001 y se redujeron 0,9% contra noviembre, mientras que el índice de ciclo-tendencia bajó 1% en relación con el mes anterior.




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