Tasas altas traen tantos problemas como el dólar
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Estas dificultades ponen en serios problemas a las entidades porque si no cumplen con las integraciones de efectivo mínimo que les pide el Banco Central todo los días, las castiga con una tasa que es el doble de la que se paga en las licitaciones de Letras. Supóngase que hoy un banco no puede inmovilizar el efectivo mínimo diario que se exige, deberá pagar una tasa de 140% anual, ya que la tasa en la última licitación fue de 70%.
Para evitar esta situación, prefieren tentar a los grandes ahorristas con altas tasas. Los nuevos depósitos no tienen un gran costo de efectivo mínimo porque deben inmovilizar apenas entre 5% y 9% de lo que captan. Es decir que de cada 100 pesos que toma el banco en un nuevo plazo fijo puede disponer de entre $ 90 y $ 95. Ese dinero se utiliza principalmente para cumplir con el Banco Central o devolver depósitos en efectivo.
De la misma manera que es caro el sistema para los bancos en problemas, los que están más aliviados pueden hacer buenas ganancias con esta política de tasas altas que impuso el Banco Central.
Una de las operaciones preferidas por los bancos es captar a 14 días pesos que se ajustan por la evolución del precio del dólar. Este tipo de plazo fijo se llama «dólares liquidables en pesos», una forma elegante que utilizó el Banco Central para permitir operaciones indexadas.
Si ese dinero los bancos lo colocan íntegramente en las licitaciones de Letras indexadas en dólares, no sólo no deben inmovilizar dinero porque no tributan efectivo mínimo, sino que obtienen ganancias importantes. La semana pasada, por colocar este dinero en Letras, los bancos consiguieron una tasa de 62% anual, además de la indexación del préstamo. Esa diferencia es íntegra para el banco porque al cliente sólo le pagan la indexación en dólares, es decir lo que el dólar subió (o bajó, en ese caso devuelven menos dinero del que recibieron).
Pero esto tiene un límite. La política de tasas altas para contener el dólar va a provocar heridos a corto plazo.
El stock de dinero de los bancos en estos momentos es de $ 8.700 millones. De allí sale el efectivo para hacer frente al goteo del «corralito», que suma más de $ 80 millones por día. En otras palabras, llegará un momento muy cercano en que los bancos no podrán afrontar los fallos de los jueces, ni el pago de salarios en efectivo, ni el retiro autorizado de $ 300 semanales.
En el Banco Central, por lo pronto, se quiere bajar la tasa de castigo por incumplimiento en la integración del efectivo mínimo. Además, mientras tenga calma en el mercado cambiario, la idea es reducir la tasa que se paga en Letras. En una semana esta tasa bajó 20 puntos, pero hay que ver hasta cuánto resiste el sistema sin demandar dólares. Hoy las Letras con estas tasas son un arma clave en la contención del precio del dólar.
Pero hay algo que el Banco Central no puede evitar: que la suba de tasas tenga el mismo efecto que el dólar, es decir se traslade a los precios de los artículos de consumo masivo.
Al pagar los supermercados a plazo, los proveedores recargan en el precio de los alimentos y otros artículos de primera necesidad el costo financiero.
Si a un supermercado se le vende a un plazo de 60 días, y se quiere cobrar antes del vencimiento, el supermercado le retiene al proveedor 5% mensual por el pago más rápido y además le paga una gran parte con LECOP y patacones, si es en Buenos Aires. En otras provincias acuden a otros bonos de menor precio. A sabiendas de esta retención, el proveedor ya incluye en el precio un recargo de 5% mensual, es decir que en 60 días hay un sobreprecio de 10% o más.
Con el dólar ocurre que, cuando sube, inmediatamente se traslada a los precios. El Banco Central, en su intención de evitar este efecto del dólar, subió las tasas. Ahora ve que este costo se trasladó a los precios. Las tasas altas hacen tanto daño como el dólar alto. El sistema se parece a un laberinto pero sin salida conocida.




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