La primera rueda de la última semana del año terminó siendo hasta cierto punto una sorpresa. Poco antes de la apertura era claro que el ánimo festivo de las semanas anteriores y la Navidad seguían presentes, algo que se corroboró con la apertura alcista de los tres grandes índices accionarios. Pero esto no duró mucho, y cuarenta minutos más tarde los tres rozaban la zona neutral y, a pesar de un tímido intento de recuperación media hora más tarde, resultaba claro desde antes del mediodía que la rueda tenía más chances de cerrar del lado perdedor que el ganador. Finalmente cuando en el NYSE sonó la campana de cierre, el Promedio Industrial retrocedía 0,47% a 10.776,13 puntos en tanto el NASDAQ desandaba 0,3%, con un volumen que a pesar de esperarse (no olvidar que estamos en una semana atípicamente corta) fue muy pobre, al negociarse apenas 920 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.480 en el electrónico. Si bien es posible achacar el malhumor de los pocos inversores que se hicieron presentes a la nueva baja del dólar (en u$s 1,3623 por euro casi marca un nuevo mínimo histórico) y la consiguiente suba del oro (a u$s 446,2 la onza) y del costo del dinero (la tasa a 10 años trepó a 4,29%), el desplome del precio del petróleo -que luego de perder 6,6% de su valor cerró en u$s 41,26 por barril- debería por lo menos neutralizar este efecto (si no es que debería generar una suba). Pero es claro que seguimos en un mercado que si bien presta atención a los hechos macro, lo que más sigue importando es la dinámica misma del mercado y la evolución del negocio de cada empresa.
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