Córdoba - Un suspiro de alivio recorrió los pasillos del Sheraton Córdoba, cuando al mediodía de ayer el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor Méndez, les comunicó a sus pares de la «mesa chica» que Hugo Moyano lo había llamado para avisarle que no iba a poder concurrir hoy a ejercer su rol de orador en el marco de la 12ª Conferencia Industrial. Oficialmente, en esa charla el camionero le habría dicho a Méndez que «por tener una agenda muy apretada, me será imposible concurrir»; sin embargo, algún pícaro aventuró que Moyano habría explicado su ausencia con una aseveración mucho más verosímil en boca del secretario general de la CGT: «Estoy debajo de la mesa, gordo... Disculpáme pero no puedo ir». El llamado en realidad era una cuestión que los industriales convocados aquí descontaban: tras el escándalo del martes en San Vicente era casi obvio que no había ninguna posibilidad de que Moyano viajara a la capital cordobesa.
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La intención era que el líder sindical compartiera hoy una mesa con el ministro Carlos Tomada y los abogados de la UIA Horacio Martínez y Daniel Funes de Rioja, para hablar de trabajo en negro, crecimiento del empleo y ley de riesgos del trabajo.
El panel quedó reducido a esos tres laboralistas, a pesar de que en algún momento de la jornada el propio Tomada llamó para preguntar: «¿Qué hago: voy igual? ¿Se hace la mesa?» Desde la UIA le respondieron que sí; y le adelantaron que Moyano será reemplazado en ese panel por el titular del gremio de Obras Sanitarias, José Luis Lingieri. Sin embargo, apenas una hora después el propio Lingieri se comunicó con Méndez para decirle que él también tenía una «agenda complicada», y que la representación sindical será ejercida esta tarde por Juan Carlos Schmidt, del poco relevante gremio de Dragado y Balizamiento,pero a quien muchos sindican como el verdadero ideólogo detrás de Moyano.
Tras estas múltiples comunicaciones Tomada confirmó su viaje; después de todo, y salvo la ministra de Economía, Felisa Miceli, es el único miembro del gabinete nacional que había respondido afirmativamente al convite de la central fabril.
Apertura
Fue justamente Miceli la encargada de abrir la Conferencia Industrial ante una raleada sala del hotel (ver vinculada). La ausencia de funcionarios, el carácter eminentemente técnico de las exposiciones y atrasos de hasta dos horas en todos los vuelos a Córdoba (tanto de LAN como de Aerolíneas Argentinas) atribuidos a las refacciones en Aeroparque, hicieron que la concurrencia fuera muy inferior a la del año pasado en ese mismo recinto, y mucho más que cuando la conferencia se hacía en el Sheraton Pilar.
Méndez dio un discurso meramente formal, tal como se esperaba, de bienvenida y explicando lo que ya sabía: «En esta oportunidad va a hablar la UIA con voz propia a diferencia de otras conferencias anteriores en torno a estudios realizados por nuestros profesionales». Sin embargo, lo más fuerte de los discursos inaugurales estuvo a cargo de Oscar Guardianelli, titular de la UIA de Córdoba, quien dijo que «llegó la hora de abrir nuevas fábricas, y no de seguir invirtiendo en las viejas. Pero para eso hay que hablar de las leyes laborales, de la situación energética, de todos los temas que influyen en la toma de decisiones para realizar inversiones a largo plazo».
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