Es evidente que el mercado se sorprendió. No mucho, pero sí lo suficiente como para que el Promedio Industrial perdiera 0,85% y cerrara en 11.154,54 puntos, y la tasa de los bonos del Tesoro trepara (títulos a 10 años) a 4,788% anual. Hablamos de sorpresa y no de ajuste (sobrerreacción, o cualquiera de los típicos epitetitos que se suelen utilizar para tratar de minimizar lo que en realidad es una simple baja o suba) porque venimos de transitar un mercado al que con una buena cuota de optimismo podemos definir de "neutro", llevando a que minutos antes del cierre de ayer el Dow marcara el punto más bajo de las últimas nueve ruedas. Dado que con o sin razón, el centro de la atención inversora estuvo ayer en el fraseo del comunicado del Comité Abierto de la Reserva Federal (la suba de la tasa ya se daba por descontada), esto descarta de plano la idea de que la baja (de acciones y bonos) fuera disparada por el malhumor de quienes esperaban encontrar alguna señal que la Fed ya estaba en camino de finiquitar el actual proceso de suba para el costo del dinero interbancario. Lo curioso del caso es que "el comunicado" resultó en la práctica, idéntico al emanado tras las 13 reuniones previas a la de ayer, con la única diferencia que siendo la orientación de su nuevo redactor (Ben Bernanke) mucho más académica que la de su predecesor (Alan Greenspan) se abarcaron algunas cuestiones adicionales, sin por ello romper la tradicional forma críptica empleada por el mayor banco central del planeta. Es por esto que una minoría apuntó sobre la suba del petróleo a u$s 66 por barril, como la principal causa del desánimo inversor. Irónicamente, la Confianza del Consumidor marcó ayer el máximo desde mayo de 2002.
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