2 de marzo 2004 - 00:00

Una inversión de alto riesgo

Los buques de transporte de carga fueron tradicionalmente de origen griego. De Grecia surgieron los grandes armadores que hicieron fortuna con el negocio. Aún hoy siguen teniendo una participación importante del mercado. También la tienen las grandes empresas exportadoras del mundo.

En las décadas del '60 al '90, los países de la órbita socialista se dedicaron a construir buques, amparados en una política monetaria que le permitía al Estado financiar inversiones a largo plazo, sin preocuparse por la recuperación del capital invertido.

Hoy, los armadores observan bien el mercado antes de empezar a construir un buque. Armar un barco implica un plazo de 4 a 5 años y una financiación muy generosa, porque, recién al término de ese tiempo, comienza a recuperarse lo invertido. Puede ocurrir, además, que mientras se construye el barco, la demanda de capacidad de bodega disminuya, ya sea porque simultáneamente entraron nuevos buques en el mercado o porque cambiaron las condiciones de la economía mundial.

Se afirma que China, Tailandia y Corea están construyendo ahora grandes cantidades de barcos. Si en cinco años la oferta supera a la demanda, como ocurrió en otras oportunidades, los barcos más viejos deben ir al desguace porque ya no es económico que sigan navegando.

En síntesis, se trata de una inversión que requiere capital intensivo, financiación de largo plazo, y que no tiene el retorno asegurado. Todo esto explica que la oferta esté actualmente acotada y que los fletes se hayan encarecido en forma extraordinaria.

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