Una notable muestra permite descubrir al mexicano Morales

Economía

La Secretaría de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y la Embajada de México presentan «La Magia de los Sueños» del pintor Rodolfo Morales (Ocotlán, Oaxaca 1928-2001) que se exhibe en el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco.

Treinta y cuatro obras entre óleos, litografías y un gobelino de un artista de quien Tamayo, oaxaqueño también, dijo: «Morales es ese soplo de aire limpio que nos ha de devolver nuestra alegría de vivir...Su pintura no está hecha sólo con la mente sino principalmente con el corazón».

Sólo asistió a la escuela hasta los 11 años porque su madre consideró que el plan de estudios era anticlerical y socialista. Su permanencia en el hogar, donde su madre impartía clases de manualidades y costura, le permitió desarrollar su creatividad haciendo collages y pintando. Comenzó sus estudios formales en la ciudad de México, en la Academia de San Carlos, pero su espíritu retraído no le permitía mostrar sus pinturas hasta que la escultora Angeles Cabrera le reconoció su valor artístico y lo alentó a exponer. Fue en la década del '80 cuando comenzó a cobrar fama nacional e internacional.

Una de las características de su obra es la presencia constante de la mujer, figura pregnante de mirada triste que a veces sobrevuela el paisaje de fondo de su pueblo natal, al decir de Carlos Monsivais, «cerrado y previsible, alegre y triste, hosco y diáfano», la arquitectura colonial, colores intensos mezclados con los de la bandera mexicana.

El crítico neoyorquino Edward Sullivan, gran admirador de su pintura, señaló que Morales «expresa su mexicanidad en la luz y el color oaxaqueños, en la leyenda y la realidad de su país». Otra característica de su pintura es el relato de costumbres cotidianas que se fusionan en un terreno místico, misterioso y la simultaneidad de escenas. Muchos de sus personajes femeninos levitan; se lo quiso encasillar tanto en lo ingenuo como en lo onírico o en lo surrealista.

Quizás, dice Monsivais, «podría interpretarse como el deseo de liberar a su pueblo y a las mujeres oaxaqueñas de las ataduras asfixiantes y del tedio cotidiano», por eso en Oaxaca lo llamaban «El señor de los sueños». Pintor del alma de México, compró una casa del siglo XVII «donde cabía todo lo que yo tenía y quería», y estableció su Fundación en 1992. (Suipacha 1422. Clausura el 6 de julio.)

  • Emergentes

    En el Espacio Fundación Telefónica se puede visitar e interactuar con las seis instalaciones tecnológicas que constituyen «Emergentes», exhibición que inició su itinerario en Guijón (España) para después recorrer Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Está producida por artistas latinoamericanos bajo la curaduría del científico e investigador peruano José Carlos Mariátegui. Del techo de la sala de entrada cuelgan 88 focos.

    «Almacén de corazonadas» de Rafael Lozano-Hammer (México-Canadá) propone tocar un aparato compuesto por dos tubos metálicos conectados a un foco que detecta, a través de sensores, el pulso cardíaco del participante y de inmediato pone al foco de la interfaz a centellear al ritmo exacto de su corazón. Cuando se sueltan los tubos, su patrón de centelleo se va a los focos que integran la instalación.

    «Ambiente de estéreo realidad» (2007), es una instalación robótica de José Carlos Martinat y Enrique Mayorga (Perú). Es un cubo que oculta dentro de sus paredes tres módulos autónomos. Se abren pequeñas ventanas de las que caen flyers impresos con frases que comienzan «ellos deberían» o «ellos no deberían». Las que caen hacia el interior comienzan «tu deberías o «tu no deberías», de connotaciones político-sociales. Un poco rebuscado.

    «Recomputing Space» (2006) de Rodrigo Derteano (Perú) es una instalación sonora que resulta del estudio psicogeográfico del espectro sonoro urbano. Dos altavoces emiten los sonidos grabados por personas que caminan por distintos lugares públicos de la ciudad. Se experimentan distintas combinaciones de sonidos y también el caos en el que nos movemos.

    Una manipulación ingeniosa y a su vez siniestra es «Mitozoos» de Santiago Ortiz ( Colombia/España). Instalación interactiva de un modelo de vida artificial que permite codificar y crear organismos a la manera de un gráfico sobre una pantalla. Estos «seres» interactúan entre sí, se simula el nacimiento, la existencia de un código genético, la alimentación, la reproducción y la muerte.

    Entre las más significativas y que produce escozor es «Spio» (2004/05), instalación robótica «degenerativa» de Lucas Bambozzi (Brasil). Una aspiradora recorre el espacio de exhibición generando sonidos y hechos visuales, un sistema de rastreo computarizado intenta capturar al robot y encerrarlo. En realidad es un dispositivo de vigilancia, nuestra imagen se proyecta en una pantalla. Ya es un hecho: como ejemplo, sólo en Londres hay 50.000 cámaras de vigilancia. No se sabe quién controla a quién.

    Otro artefacto siniestro está realizado por Fernando Orellana (El Salvador/EE.UU.) Seis robots bicéfalos recorren viviendas individuales y transparentes, tipo incubadora. Van hacia adelante y hacia atrás, vacilan, las luces colocadas en sus cabezas indican el esfuerzo para definir sus acciones, una lucha estéril que puede aplicarse a los humanos en este mundo hostil.

    En el Espacio Plasma se exhiben las obras de los argentinos Mariano Sardón y Mariela Yeregui, así como artistas de Brasil y Venezuela que integran la muestra. «Emergentes» pone el énfasis en la aplicación de la ciencia y la tecnología para generar un diálogo actual con el entorno social y tratar de interpretar el mundo contemporáneo y el de un futuro no lejano que se avizora muy árido, despojado de toda emoción y compasión. (Clausura el 31 de agosto. Arenales 1540.)
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