Salud y economía: adiós a la inmunidad de rebaño

Economía

¿Qué elegimos? ¿Salud o economía? Durante toda la primera parte de la pandemia en Argentina una gran cantidad de gente, abrumadoramente mayoritaria, pensaba que era totalmente prioritario atender los temas sanitarios. A medida que el tiempo fue transcurriendo y la recesión empezó a sentirse en los bolsillos de casi todos, una buena parte empezó a pensar que la economía puede llegar a ser más mortífera que el propio coronavirus. Después de todo, ¿no era cierto que la tasa de letalidad máxima del coronavirus era el 2% de la población? Bueno, en Argentina el 2% de la población es capaz de estar fuera de la línea de la pobreza a ingresar en ella... en menos de una semana. Más allá de ese dato, lo cierto es que ahora una parte abrumadoramente mayoritaria de la población entiende que la elección ya no es “salud o economía”, sino “salud y economía”, porque si al problema no se lo entiende así termina siendo “ni salud ni economía”. Y es que es muy claro: si la pandemia se torna muy larga las economías de los diferentes países no van a poder reactivar fuertemente.

Sin reactivación fuerte la cantidad de millones que puede quedar desempleada de manera permanente en el mundo a causa de la pandemia puede sobrepasar los 50 millones de personas siendo muy conservador en el cálculo. El mismo puede subir de los 100 millones si se agregan 4 puntos porcentuales de desempleo en promedio a la cantidad de personas empleadas en todo el mundo. Es por eso que es vital saber si tenemos para mucho o para poco tiempo más de pandemia. Si en 2020 o primera parte de 2021 este asunto está saldado es una cosa, ahora, si llegamos a mediados de 2021 y la solución no aparece a la vista... va a haber algunos problemas económicos en el mundo que aún no podemos calcular. Las soluciones pueden venir por cuatro caminos diferentes. O aparece la vacuna, o aparece una cura accesible y económica, o el virus muta y se hace inofensivo o se genera “inmunidad de rebaño”.

Con la vacuna no podemos aún contar porque no podemos tener la menor idea de si la va a haber o no. Hasta hace días se hablaba en la TV con una liviandad tan grande acerca de la chance de que apareciera una vacuna que causaba estupor. Como si fuera pan comido. Hasta que un caso de mielitis en India –una grave enfermedad– hizo suspender los estudios, y cuando se los retomó se lo hizo solo en el Reino Unido y ya no en terceros países... lo que dice mucho. Mejor no hacerse expectativas en exceso con la vacuna porque una vacuna no es como una receta de guiso de lentejas. A veces sale y a veces no. Quien lo dude puede fijarse los 36 años que sigue vivito y coleando el virus del sida sin que nadie haya llegado a la vacuna. Algo similar –aparentemente algo más sencillo– parecería que puede pasar con una eventual cura fácil, rápida y barata. Los infectólogos están concentrados en esto en todo el mundo y por ahora solo hay soluciones muy parciales y muchas veces ineficaces.

Pensar que el virus puede mutar y hacerse inofensivo es lo mismo que creer en Dios. Se puede creer en él. Pero solo él sabe si existe. Queda la hipótesis de la “inmunidad de rebaño”. Para quien no esté familiarizado con el tema basta con decir que es la creencia, basada en epidemias pasadas de que cuando el contagio llega a ser entre el 50% y el 60% de la población la epidemia se extingue sola. En este tema muchos “médicos televisivos” vienen insistiendo una y otra vez en nuestro país como algo probable. Y se llenan la cabeza unos a otros fantaseando con cifras de asintomáticos de 10 por cada enfermo que cae con síntomas. O hasta mucho más. Incluso médicos argentinos radicados en el exterior en prestigiosas universidades norteamericanas salen muy serios por TV diciendo que se podría esperar una solución cuando se alcance el efecto de rebaño. Para adaptar eso al caso argentino, como en nuestro país ya hubo al menos 555.000 contagiados conocidos, si los asintomáticos fueran 10 por cada uno ya habría cerca de 6 millones de personas inmunes en el país, cerca del 15 % de la población en menos de un año de epidemia. Dado que los contagios crecen y cada vez hay más casos muchos pueden pensar entonces que si no hay vacuna ni cura, y si el virus no entra solito en razón de que debe portarse bien, igualmente hay una solución a tiro. Pues bien. ¿Qué es esa afirmación? La respuesta es... “wishfull thinking”. Nada más que “wishfull thinking”. ¿Por qué? Porque quienes dicen esas cosas no se molestan en tomar las estadísticas oficiales.

¿Cómo saber cuál es el porcentaje real de gente que ha padecido la enfermedad? Sabemos que el mínimo absoluto es la cantidad de personas cuyo test el 1,2% de la población. ¿Y cuál es el máximo posible de contagiados? Es fácil saberlo. Sabemos cuantos tests se han hecho, y también sabemos que los tests en todos los países se sesgan mucho hacia la gente que tiene síntomas. Casi todos los que tienen síntomas son testeados. Eso hace que la relación entre contagiados conocidos y testeados sobreestime la real tasa de infectados en la sociedad. ¿Qué nos dice esto entonces? Sencillo: que la tasa de contagios reales está en algún punto entre la relación de contagios conocidos sobre la población como mínimo y la tasa de contagios conocidos sobre testeados como máximo. En algún punto intermedio está la cifra real de porcentaje de gente que ya está inmunizada por haber padecido la enfermedad. Y podemos saber entonces si estamos cerca o no del tan ansiado “efecto rebaño”.

Para el caso argentino estas fórmulas no sirven de mucho porque como se ha testeado muy poco la proporción de contagios sobre testeados es de 35,6%. De nada nos sirven los datos. Pero hay otros países que han testeado una parte sustancial de la población por lo que el rango entre tasa máxima de inmunes y tasa mínima ya es un número mucho más “finito”. Estados Unidos por ejemplo ha testeado 92 millones de personas sobre los 331 millones que tiene de población. Los contagios verificados equivalen al 2% de la población. Y la relación entre contagiados conocidos y testeados es de... ¡solo 7,2%! Vale decir que en Estados Unidos la cantidad de gente inmune es un punto intermedio entre ambos. Anda cerca del 4,6%. ¿Parece baja? Pues aquí viene la media aritmética de los casos en que se ha testeado tan intensivamente, o más que en Estados Unidos. Veamos cual es la tasa probable de contagiados, o sea inmunes: Rusia: 1,6%, Reino Unido: 1,2%, España 3,2%, Francia 2,2%, Italia 1,7%, Alemania 1,2%, Bélgica 2,1%, Portugal 1,7%. Luxemburgo es un caso especial porque ya testeó a 100.000 personas más que toda su población. ¿Cuál fue el resultado? Solo el 0,9% de los luxemburgueses han alguna vez contraído la enfermedad. Y Luxemburgo está el epicentro de la pandemia. Limita con Bélgica, Francia y Alemania nada menos. Ni hablemos de Dinamarca: ha hecho 3 millones de tests. ¿Y cuántos casos detectó? 20.000, solo 20.000. El 0,1% de los daneses es inmune. Ni hablar del caso de Australia que apareció más de una vez en los medios como un país de contagios masivos. Hicieron más de 7 millones de tests. ¿El resultado? Solo 27.000 australianos habían contraído fuera sintomática o fuera asintomáticamente la enfermedad. O sea que bastante menos del 0,1% de la población australiana sería inmune... Adiós al “efecto rebaño” señores. Adiós a las fantasías de algunos médicos televisivos diciendo con voz seria y doctoral que quizás ya se esté por el 20% de infectados. Adiós a la irreal creencia de que hay 10 asintomáticos por cada caso con síntomas. Nada de eso es verdad. Es pura fantasía. No va a haber –no puede haber– “efecto rebaño” con este virus: ocurre que contagia muchísimo menos, pero mata muchísimo más de lo que quienes sueñan con 10 asintomáticos por cada caso conocido creen. Mejor cruzar los dedos y a rezar para que salga al menos una cura efectiva. ¿Y la vacuna? La que picó en punta, la de Oxford puede ser un “bluff”. No por el caso conocido de mielitis de la semana pasada. Ocurre que esa vacuna fracasó en animales. O sea fracasó en la fase cero. En vez de inmunizar contagió a todos, aunque en forma leve... ¿Duda de que esa vacuna parece ser solo un negocio que está naufragando? Lea esta nota que apareció en Forbes: https://www.forbes.com/sites/williamhaseltine/2020/05/16/did-the-oxford-covid-vaccine-work-in-monkeys-not-really/#51a046813c71.

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Walter Graziano y Asociados

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