12 de mayo 2006 - 00:00

Viena: dialogó Kirchner con Rodríguez Zapatero

Miguel Moratinos,canciller español, junto alprimer ministro José LuisRodríguez Zapatero y elcanciller austríaco,Wolfgang Schuessel, ensu primer encuentro enViena.
Miguel Moratinos, canciller español, junto al primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero y el canciller austríaco, Wolfgang Schuessel, en su primer encuentro en Viena.
Néstor Kirchner y José Luis Rodríguez Zapatero cambiaron palabras con algún detenimiento anoche, en la comida que se sirvió para presidentes latinoamericanos y europeos en el palacio de Hofburg, antigua sede del emperador austrohúngaro. Sin embargo, la entrevista que ambos tienen pactada se producirá hoy y durará, por lo menos, una hora. Por la noche, el Presidente tendrá otra « bilateral» relevante: después de comer, hablará con Michelle Bachelet.

La agenda que Kirchner y Zapatero deben discutir es muy extensa. No sólo porque la crisis que se ha desatado en Sudamérica compromete importantes inversiones españolas, sobre todo las de Repsol YPF en Bolivia. Además, siempre está pendiente de cumplimiento el rosario de promesas formuladas por funcionarios argentinos a empresarios españoles, en Buenos Aires y en Madrid: van desde la actualización tarifaria en el segmento de distribución de los servicios públicos hasta el interminable conflicto sindical que afecta a Aerolíneas Argentinas, cuyas motivaciones siguen resultando insondables.

La reunión de hoy es preparatoria del viaje que realizará el Presidente a España el 20 de junio. Es una visita que, indirectamente, se la debe a Evo Morales. Con la nacionalización de los hidrocarburos, Rodríguez Zapatero descubrió que resultaba imprescindible apostar a la racionalidad del Cono Sur. Por eso se precipitó la recepción a Kirchner, que venía siendo postergada por la falta de cumplimiento argentino a compromisos asumidos aquí y allá. El enfriamiento había sido tal que Bernardino León, el vicecanciller de España, viajó de urgencia a La Paz el jueves pasado para intervenir en el conflicto energético y, desde allí, hizo un vuelo rasante por Brasilia para dialogar con las autoridades de Itamaraty. Evitó Buenos Aires.

  • Triángulo

  • Ahora, después de la crisis que desencadenó Morales, de la cumbre de Puerto Iguazú y de la entrevista que Kirchner mantuvo con el presidente de Repsol YPF, Antoni Brufau, el vínculo transatlántico con Madrid se recompuso y las cancilleríasbrasileña, argentina y española acaban de constituir un triángulo hiperactivo para tratar de poner límite a una región convulsionada por las decisiones bolivianas y, sobre todo, por el activismo desafiante de Hugo Chávez.

    Rodríguez Zapatero es especialmente sensible al problema. Sus opositores -el ex vicecanciller Miguel Angel Cortés antes que nadie- lo hostigan señalando que los aliados que seleccionó la política exterior socialista (Chávez, Morales, en menor medida Kirchner) se han convertido en el factor de deterioro más importante para las empresas españolas.

    Por eso Zapatero querrá saber hoy qué nivel de contención pueden ofrecer Kirchner y Lula para el agresivo nacionalismo energético del bolivariano y de su discípulo de Bolivia. Quizá vaya más allá: el presidente del gobierno español querrá saber en qué lugar del tablero juega su interlocutor argentino en relación en esa corriente. Las versiones sobre la intención del gobierno de capitalizar 20% de las acciones de YPF están a la orden del día, por más que nunca se hayan mencionado en conversaciones con españoles. Tampoco ayuda a despejar temores la gestión de Hebe de Bonafini para que Pino Solanas y Gustavo Callejas expliquen a Kirchner las supuestas ventajas de la nacionalización de los hidrocarburos en la Argentina.

  • Temas reiterados

    Además de aclarar cosas que nunca se hablaron, Kirchner y Zapatero tendrán que tocar temas sobre los que se discutió ya demasiado. El ajuste de tarifas es uno de ellos. Los ejecutivos de las empresas españolas le hicieron saber, hace ya meses, al economista jefe de La Moncloa, Miguel Sebastián, que el criterio de solidaridad en los precios argentinos no se compadece con la salud de los balances. La promesa de producir un ajuste es ya muy antigua. Pero los mismos empresarios y también los diplomáticos españoles están ya resignados a ser víctimas de una feroz disputa interna del gobierno argentino, por la cual lo que asegura Alberto Fernández es boicoteado por Julio De Vido, y viceversa. De todos modos, fue Kirchner y no alguno de sus ministros quien resolvió dar marcha atrás con el aumento de 23% para las tarifas de gas y electricidad que pagan las empresas y grandes consumidores comerciales. ¿Será el anuncio que hará antes de llegar a Madrid?

    Del mismo modo que sucede con las tarifas, también parece pagar un enfrentamiento doméstico la conducción de Aerolíneas. Dicen que Kirchner dio la orden ayer para que se resuelva la pulseada entre empresarios y sindicalistas en la empresa antes de su entrevista con Zapatero (ver nota en página 8). El encargado de transmitir la orden fue el jefe de Gabinete, principal impulsor de un entendimiento con el grupo Marsans, principal accionista de la compañía. Fue coherente Fernández con la postura que viene llevando adelante desde hace más de un año. Otra vez la contradicción con De Vido: el subsecretario de Transporte Aerocomercial, Ricardo Cirielli, a la vez sindicalista de los técnicos, viene desarrollando una serie de hostilidades hacia la empresa, en combinación con el gremio de los pilotos. La pelea es tan tenaz que hay quienes suponen que hay un grupo de transportistas detrás del conflicto. La identidad de esos supuestos beneficiarios de la crisis cambia con las semanas: ahora se rumorea la presencia del grupo Cirigliano, dueño de trenes y colectivos, y aspirante a operar en el mercado aéreo con la empresa Safe Flight. Zapatero no llegará a este nivel de detalles, claro. ¿O sí?
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar