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27 de abril 2022 - 00:00

Diálogos de Wall Street

Wall Street no se atreve siquiera al rebote. ¿Qué es lo que pasa, Gekko?

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Periodista: Después de un castigo tan duro y prolongado, y cuando el pesimismo es la regla en Wall Street, uno esperaría la sorpresa de un rebote a contramano, y fuerte. Se intentó un par de veces y en ambas fracasó sin pena ni gloria. ¿Vamos rumbo a una capitulación?

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Gordon Gekko: Que el canciller ruso Lavrov irrumpiera con una amenaza de guerra nuclear no estaba en los cálculos. La Fed tiene un discurso hostil, pero no quiere destruir todo.

P.: Lo de Lavrov no fue exactamente una amenaza, dijo que el riesgo de un conflicto nuclear es real, pero también que hay que evitar inflarlo artificialmente.

G.G.: De acuerdo. Pero si no es Rusia es China y el regreso de otra amenaza, la del covid y el encierro. ¿Qué pasaría si hay que poner también a Beijing en cuarentena?

P.: Son temas que no son nuevos -el peligro nuclear y las penurias concatenadas de China- pero estaban en un segundo plano. ¿Por qué justo ahora vuelven a sacudir la palestra?

G.G.: Eso sí cárguelo a la cuenta de la Fed. Nadie duerme tranquilo cuando se la ve tan obsesionada y en clara posición fuera de juego.

P.: No se diría que la Fed está, por cierto, en posición adelantada.

G.G.: Ese es el principal problema. La voluntad de acortar espacios y ubicarse pronto en terreno neutral. Hay un rezago a cubrir, una brecha de 2% o 2,5% que el banco central quiere cerrar rápido subiendo sus tasas de interés, y no es evidente que pueda realizarse sin mella para la economía.

P.: O para los mercados...

G.G.: Es la inquietud. Rusia, China, la OTAN, Taiwan y cualquier otro regalito que uno quiera colgar del arbolito de Navidad importa porque pisamos el terreno resbaladizo que nos preparó la Fed.

P.: ¿Exageró la Fed con su discurso agresivo? Loretta Mester, y otros funcionarios, tuvieron que salir a moderar las palabras de James Bullard quien picó en punta hablando de una suba de tres cuartos de punto, no ahora en mayo, pero sí más adelante. Y fue la gota que rebalsó el vaso de la desconfianza en los mercados. Provocó que más de uno tirase la toalla.

G.G.: Mester dijo que la institución quiere condiciones financieras más duras, pero no todo de golpe. Plantea un camino alcista con menos pendiente. Medio punto en esta reunión, pero también en las siguientes. Sería un sendero “metódico”, dijo. “Y más consistente”.

P.: Cuando Bullard quería estrenar la suba de tasas con un alza de medio punto, todos sus pares dijeron que no. Pero ahora la mesa está servida para ello, como dio a entender el propio Jerome Powell. ¿Quién garantiza que no vuelva a suceder lo mismo?

G.G.: Aquí no hay garantías de nada. Y no existen tampoco decisiones tomadas. Mester quiere llegar a fin de año con las tasas cortas en 2,5%. Bullard pretende 3,5%. Pero, en parte, ello dependerá de las sinuosidades de la inflación.

P.: Si la inflación se resiste a moderarse, Mester copiará los pasos de Bullard.

G.G.: Y si se eleva aún más, Bullard le agregará otro peldaño a la escalera. Es un proceso transparente, aunque la Fed se haya apartado de una política basada en reglas predeterminadas.

P.: Una Fed tan transparente en sus intenciones no se lleva bien con la Bolsa.

G.G.: El problema no es la transparencia sino las intenciones. O, mejor dicho, las necesidades que enfrenta. En el cortísimo plazo, de acá a la próxima reunión del 3 y 4 de mayo, la Fed no va a buscar ir más allá de una suba de medio punto y el inicio de la reducción de su cartera de bonos. Si los mercados se tambalean creo que va a esperar antes de empujar un movimiento de tres cuartos de punto en junio.

P.: ¿Y si se equivoca? Si los mercados se hunden y pierden toda esperanza, ¿qué hará?

G.G.: Si es preciso, Bullard imitará a Mester.

P.: Es una ironía. Mientras más firmes se muestren los mercados, con más dureza los tratará la Fed.

G.G.: Deberían fingir un desmayo si quieren una tregua.

P.: Pero, ¿es tan así?

G.G.: Hay un efecto demostración que siempre juega, el derrumbe de las Bolsas puede gatillar un arrastre complicado. Y también opera un efecto riqueza que liga el precio de los activos con las decisiones de gasto. La Bolsa importa, pero más el sector inmobiliario.

P.: Wall Street ya frenó sus ímpetus, las cotizaciones son inferiores a las de principios de año. Pero los bienes raíces no se doblegan. La lectura más reciente del índice Case Shiller, que mide las variaciones de los precios de la vivienda, marca un aumento de precios de 19,8% interanual. En Phoenix y Tampa la suba superó 32%. En Miami arañó 30%. No hay ningún signo de enfriamiento. ¿Cuánto tendrán que elevarse las tasas para que se tranquilice el “boom”?

G.G.: Las tasas hipotecarias (a 30 años a tasa fija) empezaron 2022 apenas por encima de 3%. Hoy se ubican por encima de 5,20%. Y ya sabemos que los pedidos de hipotecas se redujeron a la mitad.

P.: ¿Y a dónde tendrán que dispararse para surtir efecto?

G.G.: Case Shiller es un informe trimestral. Esta semana conocimos los números que promedian diciembre, enero y febrero. O sea, son los precios de la vivienda cuando la suba de tasas era más atenuada, y estaba muy concentrada en la parte corta de la curva. Esto cambió. Muchísimo. Pero el impacto, que creo que va a ser significativo, no lo vamos a registrar hasta que pasen dos o tres informes. El inventario de viviendas es muy magro y ello sostiene las cotizaciones. No obstante, aun así hay que esperar, como mínimo, una moderación de la bonanza para cuando la Fed deba resolver si persiste con subas de medio punto o si quema etapas y salta a tres cuartos de punto.

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