Periodista: La encuesta de Bank of America revela “una capitulación plena” de los managers de portafolio en un mar de pesimismo. La suba de tasas continúa, y el BCE se suma al ruedo. La inflación no se entrega, y el bastión de la economía que aún derrama solidez -el empleo- comienza a ceder. Apple, Google, Goldman Sachs y otras firmas enfrían sus planes de contratación. Mi duda, sin embargo, es otra. ¿Cómo es que la Bolsa se las arregla para trepar así? ¿Ya hemos visto lo peor?
Gordon Gekko: Bueno, en un mercado bear, la Bolsa no necesita tanta evidencia para subir. A lo sumo, si se equivoca, será una trampa. Y terminará en un rally frustrado. Es lo típico. Prueba y error.
P.: Le insisto, ¿ya hemos visto lo peor?
G.G.: Creíamos que sí en materia de inflación, y los precios al consumidor (IPC) nos desmintieron en mayo y de vuelta en junio. Claro que parcialmente, porque el deflactor del gasto de consumo dice otra cosa. Pero no quiero minimizar la información. Todas las medianas de inflación están en alza y hablan de un problema serio. Sin embargo, en términos de impacto en los mercados, ya sea en bonos o acciones, parecería que sí vimos su incidencia más dañina. La inflación subió, no la esperábamos tan elevada, y las tasas largas bajaron como respuesta inmediata. La Bolsa se llevó un susto que le duró poco. Y retoza como si no hubiera pasado nada. Muy lejos de los récords, por supuesto, pero también de un barranco.
P.: ¿Qué pasa? ¿Cómo se explica?
G.G.: Llevamos medio año de ajuste. Ya nadie discute que la inflación no es transitoria, la saña de la Fed y de la banca central, la inminencia de una recesión, que la Bolsa está en un mercado bajista y que la curva se invirtió y confirma un futuro sombrío para la actividad económica global. Y tampoco nadie espera que Powell y su caballería vengan al rescate. Al contrario, los mercados piden una suba de 100 puntos base y es la Fed, en la voz del propio Gobernador Waller, la que dice que 75 puntos base ya es bastante, que no tiene sentido tampoco andar desparramando aumentos de tasas como si fuera papel picado.
P.: ¿Ya vimos lo peor de la Fed, entonces? No digo que haya terminado su trabajo, que no es el caso…
G.G.: Quizás ya vimos el “pico” del crescendo de su agresividad. Los halcones -Bullard y Waller- le sugieren a los inversores, por primera vez, que no se les vaya la mano en sus previsiones. La Fed se dejó estar, corrió a la inflación de atrás, pero el pique corto de la política monetaria fue formidable. Inédito. Y sabemos que sus efectos se sienten con rezago.
P.: Pero la inflación le sigue sacando varios cuerpos de ventaja a la tasa de interés.
G.G.: Aun así, las expectativas de inflación bajan y ya no suben. Son muy altas a un año de plazo, se alinean bastante bien con la meta de 2% a plazos más largos. La curva de bonos se invirtió. Nos dice que en un año la economía estará en recesión. Se eriza porque prevé falta de actividad y no exceso de inflación. No vimos lo peor pero creemos saber de qué se trata.
P.: La curva no es infalible. Y puede equivocarse. Uno diría, puede volver a equivocarse.
G.G.: Los bonos confían en que la Fed hará bien su trabajo.
P.: Y ese es un supuesto fuerte.
G.G.: Tal cual. Pero convengamos que está plenamente dedicada a ese trajín. Las tasas de interés y de inflación deberán converger. Todo indica, a partir de la estabilidad de las tasas largas de interés, que la parte del león del ajuste pendiente provendrá de una merma de la inflación. De un regreso de la inflación a la media, producto del apretón monetario.
P.: Eso habrá que verlo.
G.G.: Los mercados han empezado a creerlo. Y suben por ello.
P.: ¿Lo creen con los índices de precios -como el IPC- en alza pronunciada e imprevista?
G.G.: Sí. Pesan más los indicadores, de precios o no, que no son rezagados sino que anticipan. Como los precios de los commodities. O el derrumbe de la actividad del mercado de la vivienda que aporta los primeros indicios de debilidad en los precios inmobiliarios.
P.: ¿Hemos visto lo peor entonces?
G.G.: La Bolsa tiene que sopesar todavía la factura de la recesión. Sube porque los balances de las compañías, hasta el momento, amortiguan el efecto de los contratiempos. En parte, porque poseen capacidad de fijar precios y la caída de la demanda es incipiente. Es un rally a contrapierna, fogoneado por el pesimismo. Pero es temprano para cantar victoria.
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