24 de marzo 2008 - 00:00

Y ahora ataca a otros activos

Y ahora ataca a otros activos
Salidos de circulación desde el miércoles pasado, parecía una oportuna llegada del Merval a su hangar, dejando que las inclemencias siguieran con los demás. Pero todo viene saliendo al revés: y es así como el jueves se le dio por volver a repuntar al Dow Jones -más de 2%-, aunque en el Bovespa la repercusión fue sumamente tímida, con 0,2 por ciento.

Con todo, no resultó por esta vez el mercado bursátil el centro de los focos y de la atención general. Porque se vio mucho más nítida una extensión de esta crisis a los activos que vinieron siendo los grandes refugios (y las grandes estrellas) y actuando como bienes sustitutos de los mercados de riesgo. Serios derrapes en el oro, en el petróleo, ampliados a los granos, los denominados «commodities» se ganaron los principales títulos de los medios. Bajas estrepitosas en las últimas semanas y las observaciones, para justificarlas, de que allí también se estaban pinchando enormes « burbujas» de cotizaciones. Por imperio de los caudales de capital errático, que acudieron a cubrirse con tal tipo de colocaciones. Momentos en que se produce aquello de: pujar siempre hacia arriba por los precios, por excesos de demanda, y se pierde la esencial noción de «valor». Si bien esto puede tranquilizar más a los primeros activos perjudicados en la erupción de los problemas -acciones y bonos-, se pierde tranquilidad si se incorpora esto a una expansión del período crítico.

  • Nadie en paz

  • Las depresiones muy duras no dejan nombres sin tocar, más tarde o más temprano, y ahora la gran pesadumbre de los sufridos inversores bursátiles se ha ido trasladando -como en las epidemias- a los activos que parecían los refugios más seguros. Signo preocupante, porque el revuelo de pérdidas y la salida desesperada -más los que se quedan descubiertos- se reciclan en los demás y crean nuevas ondas negativas, además del terrible desorden. Vimos a Wall Street repuntar, vimos a los «commodities» derrapar, el Merval vela sus armas para el martes: pero, sin poder saber dónde está ni adónde irá. Y la Bolsa, sin brújula.

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