Nadie parece estar actuando decorosamente en estos tiempos bursátiles, donde los barquinazos de Buenos Aires -con falta de incentivos propios- pasan más inadvertidos al observarse la endeblez de San Pablo -también con desencantos locales-y que perdió en la semana más de 4%. En los dos socios grandes del Mercosur los temores predominantes parecen resultar idénticos, en punto a: «incertidumbre sobre el camino de la economía, presente y futura». Frases por el estilo bien se pueden ver en medios argentinos como brasileños, posiblemente el indicador que más armonía posea: entre las asimetrías del mercado común.
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Y respecto del gigante, tampoco hay mucho para ponderar, cerrando el período con un nivel similar de merma el Dow Jones, que el Merval. Los mercados deben defenderse de turbulencias que los ven hamacarse, peor que el helicóptero que llevaba a Kirchner. Para nuestro indicador, agosto arrancó pesado y vulnerable.
En la línea de los referentes principales, de la cartera mayor, el viernes corrió la voz de la baja: no profunda, pero nítida, concentración del escaso volumen -$ 20 millones-en un grupo selecto, de no más de cinco plazas clave. Las demás, mirando, aburridas, la falta a asistencia de órdenes para ellas. En tanto, la representación local en Nueva York veía declinar los ADR y transmitiendo desde allí malos efluvios. Aspirando capitales en el Norte, con su suba de tasas, las migas flotantes deben repartirse entre muchos necesitados y la Argentina no lucha precisamente, con el mejor de los imanes de atracción. Se hará lo que se pueda.
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