16 de noviembre 2009 - 00:00

A Chile le sobra gas caro (presiona a la Argentina)

Michelle Bachelet
Michelle Bachelet
Chile tiene un problema: en 2010 producirá 15,5 millones de metros cúbicos diarios de gas, con posibilidad de llegar a 25,5 millones, y no tiene quién compre tanto volumen. Por eso, hay una creciente presión del Gobierno y de las empresas trasandinas para venderle el producto a la Argentina o a terceros países a través de nuestro territorio.

Cuando en 2004, los envíos argentinos debieron reducirse sobre todo en el invierno, los chilenos se entusiasmaron con proyectos para instalar plantas de regasificación de GNL (gas natural licuado), que es suministrado por barcos metaneros procedentes de los países con excedentes de producción operada por empresas internacionales.

Pero, al margen de los efectos de la crisis internacional que pueden estar pesando, en Chile no aparecieron por ahora nuevos proyectos para instalar centrales térmicas de generación eléctrica que utilicen ese gas, ni la industria se muestra interesada en proyectos de reconversión. En las últimas semanas, comenzó a proyectarse incluso el uso del gas en vehículos, pero esto implicará un proceso de dos o tres años. Y para colmo, en los últimos tiempos empezaron a predominar los proyectos de generación hidroeléctrica.

La planta instalada en Quintero (centro del país) producirá en 2010 10 millones de metros cúbicos diarios de gas y puede llegar a 15 millones en el horario pico, además de tener posibilidad de ampliación hasta 20 millones. La de Mejillones (norte del país) producirá también desde el próximo año 5,5 millones de metros cúbicos diarios.

Quintero, que ya está entregando gas desde setiembre, es una obra instalada por British Gas (40%), la española Endesa para un proyecto eléctrico, y las chilenas Enap y Metrogas (distribuidoras de gas por redes en el centro de Chile).

El consorcio invirtió alrededor de u$s 1.100 millones, respaldado por financiamiento internacional que ahora tiene que empezar a devolver.

Pero sobre una producción potencial de 20 millones, sólo tiene contratos por 6,5 millones. Le sobran 12,5 millones, y aunque la idea de que Chile se independizó energéticamente de la Argentina es teóricamente cierta, la importación de gas desde nuestro país sigue resultando conveniente. Por eso, Mauricio Russo, un directivo de la Metrogas chilena, dijo: «Vamos a seguir tomando todo el gas que llegue».

Solamente considerando el fluido que se destina al centro de Chile, este país había contratado en la década del 90 envíos argentinos por 10,8 millones de metros cúbicos diarios. Hoy ese volumen está lejos de cumplirse: en octubre se exportó a la zona centro un promedio de 1,2 millón por día, pero igual no usaron el gas de Quintero, porque Metrogas no podría trasladar a todas las tarifas domiciliarias el valor del producto, que sería casi el doble de lo que cuesta el gas argentino.

En este contexto, el Gobierno de Michelle Bachelet aprobó el viernes el decreto por el cual se autoriza la venta de gas a la Argentina y a terceros países por intermedio de nuestro territorio. Para facilitar la venta, el ministro de Energía de ese país, Marcelo Tokman, aseguró que se está estableciendo «un marco legal que permita múltiples posibilidades de intercambio de energía», y aseguró que «si el gas ingresa en el territorio chileno y después sale del país, la pasada por Chile no es considerada una importación, ni tampoco una exportación, con lo cual quedará libre de aplicarse un impuesto, arancel o IVA».

Para el Gobierno argentino, el problema no es sólo de regulación, sino de capacidad de transporte y de precios. Chile quiere, por ejemplo, venderle el GNL regasificado para la zona centro del país, incluida Buenos Aires, y que la Argentina exporte desde el Sur gas natural a la zona austral de Chile. Pero esto es imposible si implica un nuevo factor de presión sobre las tarifas locales.

El país trasandino quiere también usar el sistema de gasoductos de nuestro país para venderles gas a Paraguay o a Uruguay, y que estos países le paguen a la Argentina con electricidad. Pero los gasoductos en el mercado interno operan al máximo, y un acuerdo de precios entre tres partes y por productos distintos traería más conflictos por los precios.

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