Después de la magra cosecha en la Capital Federal, con una fórmula que no alcanzó ni el 2% de los votos, el radicalismo porteño se entregó ayer a una dura crítica de cara al balotaje del próximo domingo que disputarán Mauricio Macri y Daniel Filmus. La UCR porteña embistió contra los dos candidatos, a pesar de los dichos del candidato presidencial Ricardo Alfonsín, quien aplaudió la elección de la Ciudad que ganó Macri el 10 de julio en primera vuelta. Ahora la UCR, según se desprende de un documento que difundió tras la reunión, se inclina al voto en blanco, aunque, claro, la manifestación busca incidir en la pelea interna que desató el armado electoral propio, ya que poco puede hacer por direccionar a su escaso electorado. Así, la mesa directiva del Comité Capital de la UCR expresó la posición partidaria en un escrito con la firma del titular del partido local, Carlos Mas Vélez, y de la bancada de dos diputados que tiene en la Legislatura porteña, Claudio Presman. «Los porteños asistiremos el 31 de julio a una segunda vuelta electoral enmarcada por lo que entendemos una falsa antinomia: macrismo vs. kirchnerismo. Y los radicales porteños hablamos de falsa antinomia sin sonrojarnos, porque son dos estilos de gestión concurrentes en una serie de factores y puntos que los unifican a la hora de ejercer la administración de la cosa pública», comienza el documento radical. Luego, convoca a «no» brindar apoyo a «un delegado del Gobierno nacional que ha desconocido la autonomía, maltratado y extorsionado a la Ciudad, ni a un conservador populista que tiene más coincidencias que diferencias con el modelo gobernante, sobre todo en la desaprensión para el manejo de los bienes públicos, el uso ilegal de la propaganda oficial y la inmoralidad de las mentiras y las campañas sucias».
Verdadero fiasco
Sostiene además que «los hechos de violencia en el Parque Indoamericano y los recientes conflictos interjurisdiccionales con cuestiones tan candentes como la seguridad pública son muestra acabada de qué quieren para los porteños ambas fuerzas políticas». Los radicales entonces consideran que «la gestión local ha sido un verdadero fiasco para muchos de los que en aquella segunda vuelta de 2007 confiaron en el PRO y decidieron castigar a la gestión Kirchner» y que «a pesar de una bonanza económica indudable y contar con uno de los presupuestos locales más altos de nuestro país, la subejecución ha sido la única constante de la administración Macri».
El radicalismo ensaya una autocrítica pero la hace extensiva a otras fuerzas. Dice que «se ha instalado la idea de que es imposible terciar en la disputa entre el PRO y el FPV, cumpliéndose ese cometido» y que «el conjunto de las fuerzas políticas afines de la Ciudad de Buenos Aires no hemos sido capaces de estar a la altura de las circunstancias. La responsabilidad política indicaba que debíamos elaborar una propuesta de alternativa a la pretendida polarización. Debía ser una propuesta plural, en base a la construcción de los consensos necesarios para el diseño de un plan de Gobierno que despierte expectativa en los porteños» y «fue un fracaso compartido».
Buscando un remedio, los radicales finalizan con que «debemos trabajar para comenzar a construir una amplia fuerza política popular y progresista que reproduzca el modelo que ya funciona en la provincia de Santa Fe, donde en un abanico que reúne desde sectores republicanos y liberales hasta el socialismo, los radicales hemos encontrado un espacio de construcción de poder acorde a nuestras ideas y respetuoso de nuestras convicciones e historia».
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