La guerra entre EEUU e Israel contra Irán, está provocando, -según el Banco Mundial-,"la mayor crisis de suministro de petróleo registrada" en la historia. Los precios de la energía aumentarán un 24%, un incremento que no se ha visto desde que se reanudó el conflicto entre Rusia y Ucrania en febrero de 2022.
El Banco Mundial describió la guerra en Medio Oriente como "la mayor crisis de suministro de petróleo registrada"
El organismo alertó por el impacto global del conflicto, con subas en la energía, alimentos y costos financieros. El cierre de rutas clave como Ormuz tensiona al mercado y acelera la inflación a nivel mundial.
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El alza del crudo y de los fertilizantes amenaza con profundizar la crisis alimentaria y económica en distintos puntos del planeta.
En particular, los aumentos se relacionan con la interrupción del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, donde circulaba una cuarta parte de todo el crudo del mundo y con la destrucción de infraestructura energética clave del país persa.
Además, el informe añade que los precios generales de los productos básicos aumentarán un 16%, a raíz de suba de los precios de los fertilizantes -el 30% de circulaba por Ormuz- y del precio de la energía.
Indermit Gill, economista jefe del Grupo del Banco Mundial explicó el fenómeno que afecta a todos los sectores de "la economía mundial en oleadas acumulativas. Primero con el aumento de los precios de la energía, luego con el alza de los precios de los alimentos y, finalmente, con una mayor inflación, lo que elevará los tipos de interés y encarecerá aún más la deuda”.
Las proyecciones alarmantes para energía se trasladan a alimentos
El informe del Banco Mundial proyecta que el precio del petróleo podría escalar hasta los u$s115 por barril en 2026. En paralelo, el crudo Brent —referencia global— ya superó los u$s112 en los últimos días, reflejando la una tremenda volatilidad en los mercados.
Aunque el Banco Mundial señala que impacto más fuerte recaerá sobre los países menos desarrollados, la crisis ya empieza a sentirse en las principales economías. En EEUU, el precio de la gasolina superó los u$s4 por galón, encareciendo sectores sensibles como el inmobiliario. A esto se suma una inflación que volvió a escalar a niveles no vistos en casi dos años. Incluso en un escenario de desescalada, los analistas anticipan que las consecuencias económicas persistirán durante meses.
El efecto dominó también alcanza al sistema alimentario global. En marzo, el Programa Mundial de Alimentos advirtió que el encarecimiento de los fertilizantes podría agravar aún más la situación. Si el conflicto se extiende, la oferta y los precios podrían empujar a 45 millones de personas a una situación de inseguridad alimentaria aguda en el corto plazo.





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