12 de enero 2011 - 00:37

Abal Medina, cristinista puro, pasa a manejar el área medios

• Concentrará comunicación y publicidad oficial en secretaría vacante desde hace un año

Carlos Bettini, Juan Manuel Abal Medina (h), Juan Manuel Abal Medina
Carlos Bettini, Juan Manuel Abal Medina (h), Juan Manuel Abal Medina
Juan Manuel Abal Medina tenía -todavía preserva- el proyecto de, un día, ser ministro. Aventuraba, en sobremesas con amigos, que esa oportunidad le llegaría en el segundo mandato de Néstor Kirchner quien, antes de morir, lo había convertido en su edecán político.

Ayer, con 41 años, quedó a un tranco mínimo de ese sueño: Cristina de Kirchner lo designó como secretario de Medios. Tendrá rango de ministro pero no la nomenclatura. Estuvo, unos días atrás, más cerca cuando la Presidente analizó crear un Ministerio de Comunicación.

Hijo de un histórico del peronismo -Juan Manuel padre, designado por Juan Domingo Perón, con apenas 28 años, como secretario general del PJ- y sobrino de Fernando, uno de los fundadores de Montoneros, este Abal Medina exploró antes otros formatos.

Su primer ring político lo caminó con Carlos Chacho Álvarez en el Frente Grande. El ex vice se fascinó con la tesis con que el funcionario K se doctoró en Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de México. En ella, pronosticaba el fin del bipartidismo.

Soldado albertista

Luego, con Kirchner en Olivos, lo apadrinó Alberto Fernández que lo ubicó como segundo de Norberto Ivancich. Tras la muerte de éste, Abal Medina ascendió a subsecretario de Gestión Pública. Los años siguientes fue un soldado albertista hasta que el porteño dejó la Jefatura de Gabinete.

Perduró, luego, junto a Sergio Massa y tras la salida del dirigente de Tigre, continuó con Aníbal Fernández. Desde hoy estará un paso abajo del quilmeño: Medios sigue en la órbita de la Jefatura de Gabinete. La firma última, por ahora, la retendrá Aníbal Fernández.

En Gobierno se dijo ayer que Cristina de Kirchner centralizará la relación con los medios a través de Abal Medina que, sin intermediarios, reportará a la Presidente. Si esa presunción se efectiviza, sería otro esmeril para el jefe de Gabinete.

Por lo pronto, asume las funciones que desde la asunción de Kirchner, el 25 de Mayo de 2003, hasta su renuncia, el 10 de diciembre de 2009, ejerció Enrique «Pepe» Albistur.

Ayer, el quilmeño -que jura que no renunciará- tuvo, al menos, un festejo accesorio: Lía María, una funcionaria que le responde, fue ratificada como subsecretaria de Infraestructura Penitenciaria (ver nota aparte). Entre tantas bajas, esa confirmación fue un respiro.

Ecos

Con los Kirchner, contó Abal Medina en la larga madrugada de los funerales del ex presidente, se reencontró con el peronismo del que se había alejado en los 90. Néstor, en rigor, lo incorporó a su séquito, lo adiestró en las negociaciones K y lo sumó como asesor, con Rafael Follonier, en la Unasur.

La Presidente validó y reforzó aquella lealtad: lo convirtió en interlocutor con sectores del peronismo y lo designó como enlace privilegiado con la progresía. Es, por caso, el contenedor de Martín Sabbatella, que había quedado huérfano con la muerte de Kirchner.

Pero el hilo visible, la secuencia Chacho-Alberto F.-Massa, se alimentaba de otra usina: su padre, radicado en México, mantenía una relación intensa con los Kirchner, vértice que tenía otro ángulo del triángulo setentista en Madrid, con el embajador Carlos Bettini.

Más allá de las pertenencias coyunturales con el Frente Grande, el albertismo o su furtivo enamoramiento de Massa, Abal Medina era un protegido del matrimonio K que lo trataba como un hijo pródigo, un heredero evolucionado de la militancia de los años 70.

Entró, por esa puerta, al pingüinismo explícito y, aunque extraterritorial, comenzó a pertenecer a esa cofradía que opera sobre el trípode que conforman la Presidente, el secretario de legal y técnica, Carlos Zannini, y el ministro de Planificación, Julio De Vido.

Sus movimientos más recientes certifican esa empatía. A pesar de una relación añeja con Daniel Filmus, Abal Medina priorizó su alianza con otros jóvenes nestoristas, como el titular de la ANSES, Diego Bossio, y el ministro de Economía, Amado Boudou, a quien respalda en la disputa con el senador por la candidatura porteña K.

Cristina de Kirchner, ayer, pagó esa lealtad: pudo, quizá, ser más ampulosa pero una indiscreción congeló, o canceló, la posibilidad de debutar como ministro, ilusión que Abal Medina alimentaba para un segundo mandato de Kirchner, que, claro está, no podrá ser.

Un formalismo -ser ministro o secretario- que, en esencia, no nubla el propósito último que le encomendó la Presidente: desplegar una política de comunicación que ejecute, sin matices ni distorsiones, los deseos de Olivos.

Su llegada, como ultra K, más allá de simpáticas tertulias con Hugo Moyano y sus oficios como nexo con caciques del conurbano, computa en el mismo pelotón que el ascenso de Nilda Garré, ex esposa de su padre, que perfiló un retroceso del PJ ortodoxo y un reverdecer del transversalismo K.

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