6 de junio 2014 - 00:00

ABDICACIÓN: Cuando Juan Carlos I ayudó al país

Hubo una semana en la que el exrey de España, Juan Carlos de Borbón, realmente ayudó a la Argentina, le evitó problemas sociales graves, y colaboró en darle el crucial empujón inicial a Eduardo Duhalde durante el traumático 2002. Fue en la segunda semana de marzo de ese año, cuando Jorge Remes Lenicov era ministro de Economía y el Gobierno de transición que comandaba el lomense tardaba en hacer pie. La Argentina acababa de declarar el default más grande de la historia (u$s 110.000 millones), y cualquier tipo de razonabilidad financiera internacional era una utopía. El mundo miraba con asombro cómo un país que en algún momento había sido declarado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) el ejemplo a seguir por todos los estados en desarrollo, se desangraba en las calles y se sumergía en una especie de salvajismo económico. Para peor, en ese primer trimestre, Argentina debía pagarle al mundo unos u$s 2.500 millones de sus múltiples colocaciones de bonos de todo tipo, color y moneda, liquidaciones que obviamente quedarían para otro momento imposible de determinar en el tiempo. Había además un cóctel de quince bonos provinciales circulando por el país como cuasi monedas, que había que controlar de alguna manera. Y lo peor, el país enfrentaba una situación social terminal, con protestas populares que buscaban un líder para encuadrarse y avanzar contra lo que sea.

El entonces secretario de Hacienda, Oscar Lamberto, miraba su informe diario sobre el disponible de efectivo y se alarmaba hasta el paroxismo: no había más de 500.000 pesos en efectivo y no contaría con más de 10 millones de dólares para todo el mes.

Quiso la casualidad que en esos días estuviera por Buenos Aires, en su rol de lobista de las empresas españolas en el país, el exprimer ministro socialista Felipe González, quien, alarmado, llamó a quién creía que era el único que podría movilizar a nivel continental algún tipo de auxilio. El rey de España recibió el llamado de un González más que alarmado. Con capacidad de síntesis, contó su visión del problema terminal argentino, y el monarca realizó dos movimientos. El primero fue preguntar a la petrolera española Repsol cómo era su situación impositiva con el país. Ya están todos los pagos del semestre adelantados, contestaban del otro lado; Pues adelanten las liquidaciones hasta el 2003; y si pueden más, también. Para esto cuenten con el Tesoro español. YPF es un buen negocio y, con el tiempo, este dinero se pagará solo. Así se hizo y la petrolera adelantó el giro de unos u$s 300 millones.

Garantizado ese dinero, Juan Carlos hizo otro movimiento más ejecutivo. Llamó a un viejo conocido, el entonces presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el uruguayo Enrique Iglesias, al que no le tenía que explicar qué sucedía en la Argentina. Ambos mantuvieron una larga conversación, que arrancó cuando el ejecutivo participaba en junio de 2001 en la cumbre de la entidad en Santiago de Chile y despedía en el aeropuerto a Ricardo López Murphy como ministro de Economía, cargo al que lo renunciarían al tocar Aeroparque. El rey pidió una ayuda especial al BID, garantizando que todos los países latinoamericanos apoyarían la gestión. Ambos llamaron telefónicamente a algunos jefes de Estado clave de la región (y otros de regiones más lejanas, que también aportaban dinero al BID) y lograron que, en medio de la más absoluta marginación que la Argentina sufría en el mundo, la entidad le aprobara un crédito especial por unos u$s 1.000 millones, que serían liquidados u$s 600 millones de manera inmediata y el resto en cuotas durante un año. El país tendría luego tres años de gracia y comenzaría a pagar recién en 2005.

La única condición para ese préstamo especial era que el país lo utilizara para la contención social y planes de asistencia directa ante la emergencia económica que vivía la Argentina. Le hizo caso el Gobierno de Duhalde, que con ese dinero implementó el plan Jefes y Jefas de Hogar. Con el tiempo, superadas algunas críticas que a la distancia se observan ridículas, el plan Jefes y Jefas derivó en la más abarcativa Asignación Universal or Hijo (AUH), vigente hoy.

El propio Néstor Kirchner le reconocería en su asunción, en mayo de 2003, el gesto de Juan Carlos a su hijo, Felipe, cuando el entonces príncipe llegó a la Argentina como máximo representante de su país en aquel evento.

@cburgueno

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