18 de marzo 2022 - 00:00

Acidez, crueldad y otros pequeños milagros de un rodaje

competencia oficial. Martínez, Cruz y Banderas, cine dentro del cine.
competencia oficial. Martínez, Cruz y Banderas, cine dentro del cine.

Como en ¨El hombre de al lado¨ o ¨Mi obra maestra¨, la trama se centra en dos mundos antagónicos que al juntarse estallan, en este caso dos personajes, uno maestro de actores, idealista y algo gruñón (Oscar Martínez), y otro carismático, actor del mainstream, muy querido por el público (Antonio Banderas). Ambos son convocados por una excéntrica directora (Penélope Cruz en otra brillante interpretación), luego de sucumbir al generoso presupuesto para rodar una película encargada por un rico empresario farmacéutico.

Con tono ácido y malicioso, la trama se hilvana a partir de una historia dentro de otra, el juego del cine dentro del cine, con una línea que cuenta la película que están filmando y la que viven los personajes mientras la filman. Desde el primer encuentro entre el equipo, pasando por las primeras lecturas del guión, el público es testigo de ensayos con ejercicios de actuación despiadados, en su mayoría sacados de anécdotas reales, hasta llegar al fin del rodaje y avant premier, todo tamizado por giros en el guión, a veces más sorpresivos, otras más previsibles.

Hay un inquietante juego de espejos entre la película y la metapelícula, que trata sobre la rivalidad entre dos hermanos, y en definitiva pone de manifiesto el duelo de egos y la batalla miserable y hasta fatal en la que un hombre fagocita al otro. Construida sobre una colección de planos estéticos y estáticos, como fotos, que vuelven al film una experiencia entre teatral y performática, hay varias escenas a cámara fija y un detalle obsesivo en la composición. Los enormes espacios operan como una metáfora que alberga a las pequeñas figuras y las convierte en miniaturas, acaso para enfatizar sobre lo que creen de sí mismos y lo que en verdad son. El film se atreve a los silencios, a planos largos sin temor a que los ansiosos se inquieten y a la repetición, a la vez que reflexiona sobre el público al que busca interpelar.

Hay escenas antológicas, como la de los besos entre micrófonos o la de la trituradora de premios, mientras los actores observan inmovilizados cómo se desintegran esas pequeñas porciones de su narcisismo, o la del ensayo bajo una enorme piedra de toneladas incalculables. La pregunta por el descenlace llega con el final de la película y, como es marca distintiva en los directores, no responde ni clausura sino que abre, con el plano final. Esa tensa calma llega luego del climax que, también como siempre en Duprat Cohn, tiene algo de trágico y absurdo a la vez.

“Competencia Oficial” (España/Argentina, 2021).Dir.: G. Duprat y M. Cohn. Int.: P. Cruz, A. Banderas, O. Martínez.

Dejá tu comentario