- ámbito
- Edición Impresa
Activa Japón plan para aliviar drama humanitario
Los recortes programados de electricidad dejaron a la imponente metrópoli de Japón en penumbras durante seis horas. Ante las fallas de las plantas nucleares, las operadoras recurrieron a medidas de racionamiento, que fueron obedecidas por la civilizada sociedad japonesa.
El Ejecutivo se puso en contacto con las petroleras del oeste del país para que envíen 20.000 kilolitros de nafta y gasoil por día a las regiones más afectadas por el terremoto en el norte y este de Japón.
El ministro de Economía, Comercio e Industria, Banri Kaieda, pidió a las refinerías que aumenten su operatividad del 80 a más del 95%, para que puedan poner fin a la total falta de combustible y a las grandes esperas en las estaciones de servicio de las áreas devastadas.
Además, estaciones de servicio del noreste del país se designarán como prioritarias para el suministro de combustible a los vehículos de emergencia, como patrulleros o coches de bomberos, que también se han visto afectados por la extrema escasez de estos días.
El combustible se ha convertido en una de las primeras exigencias de los refugiados, ya que es esencial para facilitar sus movimientos, después de que en los últimos días los automóviles de regiones como Iwate, Miyagi o Fukushima, hayan tenido que recurrir a largas esperas para procurarse la escasa nafta disponible.
La falta de combustible ha llegado a tal punto que en algunos refugios hubo problemas para mantener funcionando las estufas que calientan a familias enteras o a ancianos en plena ola de frío y nieve en el noreste del país.
Por ello, el Gobierno también pondrá en marcha un plan de emergencia para distribuir aceite para estufas a los refugios y a las personas más afectadas por la destrucción de sus casas y el temporal de nieve en regiones como Iwate.
Los cerca de 2.200 refugios repartidos en la zona noreste del país acogen 420.000 damnificados, que tras sobrevivir al terremoto, aún se enfrentan a nuevas amenazas en medio de un frío creciente y una rutina desoladora.
Por sexto día, una bola de arroz, algo de carne o sopa fue ayer el menú común para quienes se quedaron sin hogar tras el sismo de 9 grados de Tohoku y el posterior tsunami, que ha dejado por el momento unas 15.000 víctimas (5.692 muertos y 9.506 desaparecidos), según la Policía.
El desastre natural y la crisis nuclear de la central de Fukushima Daiichi, situada en una región famosa por su producción de sal, impactó también con fuerza en la industria alimentaria local.
La Asociación de la Industria de Sal de Japón liberó ayer 900 toneladas de sus reservas ante los problemas de suministro en la industria alimentaria como consecuencia de la inactividad en seis fábricas del país.
Ésta es la primera vez que el Gobierno saca sal de sus reservas, algo que se une a la decisión excepcional de dar salida a sus provisiones de arroz para hacer frente a las necesidades de la población afectada.
La escasez de productos básicos en algunos lugares de Japón, como en Tokio, empeoró debido a que muchos han decidido hacer acopio de provisiones y combustible ante la incertidumbre, algo que le Gobierno pidió que deje de hacerse.
Al mismo tiempo, los 80.000 efectivos de los equipos de rescate continúan buscando a los desaparecidos, que podrían sobrepasar los 10.000.
Las autoridades pidieron a la Policía que acelere los procedimientos de identificación, al tiempo que en la región de Miyagi se buscan voluntarios para atender a las familias de la víctimas, muy afectadas por un tsunami que redujo a escombros pueblos enteros, como Minami Sanriku.
Agencias EFE, DPA y ANSA


Dejá tu comentario