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Agua de napas no es segura tras sequía
La falta de lluvias obligó a los productores a hacer perforaciones en busca de agua subterránea. Pero la sequía modificó las napas y aumentó la concentración de sales, afectando la potabilidad.
Cuando el productor realiza una actividad ganadera busca obtener más kilos de carne por hectárea. Para lograr este objetivo trata de producir forrajes de buena calidad y en cantidad adecuada. Si bien esto es correcto, no hay que olvidar que hay otro elemento indispensable y limitante del nivel de producción el cual debe ser tenido en cuenta: el agua que consumen los animales.
En el transcurso del año se han reiterado numerosos problemas relacionados con la calidad del agua que consumen los bovinos, principalmente en el área de Balcarce, que contempla los partidos de Maipú, General Madariaga, Mar Chiquita, Tres Arroyos, Carlos Casares, Gral. Villegas, Gral. Belgrano, Ameghino y Las Flores.
Los síntomas que presentan los animales son diarrea, baja ganancia de peso, mal estado general del rodeo y en algunos casos, hasta se registraron muertes, informó la Estación Experimental Agropecuaria Balcarce del INTA.
Las condiciones climáticas también influyen en la calidad de la misma, pudiéndola modificar. La sequía contribuye a modificar la calidad química del agua y favorece la presentación de problemas sanitarios, en algunos casos acompañados de mortandad.
«En estos casos es aconsejable antes de ofrecerla a los animales, realizar un análisis de calidad para determinar si la misma es apta para su consumo. Una medida simple como ésta, puede evitar la aparición de problemas sanitarios o de mortandades con las consecuentes pérdidas económicas para el productor», aseguró el INTA.
El agua, si posee la calidad adecuada, puede hacer una buena contribución al aporte de minerales que necesita el animal, favoreciendo su nutrición y su crecimiento. Pero si la calidad no es la adecuada, el efecto puede ser altamente nocivo pudiendo provocar alteración en la reproducción, trastornos digestivos, falta de apetito, reducción en la producción y, en los casos más extremos, la muerte del animal.
El agua que consumen los animales debe ser potable. No debe contener bacterias, virus, parásitos ni sustancias tóxicas», finalizó el organismo que dirige Carlos Paz.


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