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Aizenberg: un artista “de culto” que marcó a muchos
En la actual muestra en la Colección Fortabat, las obras de Roberto Aizenberg dialogan con las de otros 12 artistas admiradores de su obra.
Pintor surrealista, hacía fe de ello, "no es un estilo ni una escuela, es una filosofía". "Me siento metafísico, como de Chirico"; renacentista en cuanto a la técnica de extremo rigor y a su vez se sentía continuador de la prédica de Breton en pro de una vida más alta en la que la dignidad del hombre sea respetada, quizás algún día, se volverá al papel del artista como aquel que hace posible el ennoblecimiento del género humano.
En una ocasión señalamos que la obra de Aizenberg tiene carácter áurico, está imbuida de una espiritualidad trascendente lo que se puede comprobar, una vez más, al recorrer esta muestra cuyo montaje permite entrar en íntimo contacto con su quehacer. Se exhiben óleos de 1952, 1955,1958, delicados collages relacionados con la ciencia, a manera de ilustraciones antiguas. 1959, 1962,1963, sus exquisitos lápiz color sobre papel, por ejemplo, "Humeante en estado de flotación" (1963) o "Humeante" (1967).
En una publicación de la Fundación Klemm "Roberto Aizenberg- Diálogos con Carlos Barbarito" (2001), le confesó que después de conocer la obra de Battle Planas, se dio cuenta que quería ser artista y que esto significó una toma de conciencia. Corría 1950 cuando comenzó a tomar clases con Battle Planas, tres años que constituyeron una etapa fascinante de su vida. Battle influyó en Aizenberg en cuanto a lo filosófico, indagó en lo que Battle llamaba la acción interno-mecánica gestora de la creación, en usar la evocación y las imágenes oníricas.
La construcción es recurrente. torres aisladas, ciudades vacías, edificios misteriosos y deshabitados, ventanas que no permiten ver el más allá. En cuanto a las figuras, con excepción de algunas de sus primeros tiempos, están de espaldas, luego se convierten en formas geométricas de contornos ondulados. Recordamos el tema de la pareja que expusiera en Palatina en 1992: imágenes penetrantes, muy geométricamente estructuradas, severas, ocupan todo el espacio, no hay cielo ni línea de horizonte. Estos personajes trágicos se acechan, se enfrentan, reflejan el amor, la vida y la muerte inapelable.
En el diálogo con Aizenberg que establecen los doce artistas convocados, admiradores de su obra, están Nuna Mangiante y el obsesivo empleo del grafito sobre fotografía (Serie Espacios Negados, Dos Jarroncitos); "Abstracto recobrado", grafito y barniz sobre papel, un excelente trabajo de Mariano Vilela. Destacamos la fotografía color de Santiago Porter "Estructura", que remite a la construcción de los edificios vacíos, la obra de Daniel Joglar que alude al orden, al rigor, al ascetismo, característico de Aizenberg.
Amadeo Azar despliega en sus acuarelas las formas en abanico de algún momento de los 80, Magdalena Jitrik en su "Chicago 1886", realizado en 1997 replica una obra del artista "Sin Título, (1995) y confiesa "este cuadro fue todo lo Aizenberg que pudo". Un cielo intenso invadido por nubes, un cono facetado, Max Gómez Canle logra el clima de silencio, ese silencio que en Aizenberg entabla diálogo con el observador. Mariano Sardón- Mariano Sigman con su "Instalación 2013", evocan el interés del artista por la ciencia. Se incluyen también obras de Cristina Schiavi, Lucio Dorr, Pablo Lapadula, Silvana Lacarra además de fotografías de Humberto Rivas y Julio Grinblatt.
Aizenberg (1928-1996) sostenía que la condición básica de una obra debe ser la belleza, quizás en su función ontológica, cerrar el abismo entre lo ideal y lo real. Cuando nos plantamos ante su obra, sentimos visceralmente que estamos ante algo importante.
Clausura el 23 de junio (Olga Cossettini 141).


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